Legión desesperada

Sin empleo
Sin empleo

«Me cruzo por la calle, doctora, con gentes en mi misma situación. Entre nosotros nos reconocemos a simple vista. Gentes que salimos de casa por la mañana fingiendo que tenemos que cumplir una rutina, a la misma hora, sin el destino que solíamos tener hasta hace pocas semanas en muchos casos. Miradas furtivas entre los estantes del supermercado si ves a algún conocido. Gestos huidizos cuando coincides con un vecino, a una hora laboral, en el parque, leyendo y releyendo las páginas de empleo. Las mentiras que les sueltas a los hijos si te preguntan cómo fue hoy el trabajo, papi. El trabajo que perdí sin saber por qué, el trabajo del que me dieron la patada sin apenas explicaciones, por culpa de una maldita crisis que habla en el inglés global y que yo no entiendo por más que me lo expliquen. Lo único que entiendo, doctora, es que me quedé sin trabajo; que formo parte de una legión desesperada, y que quiero que usted me ayude para ver cómo le puedo explicar esto a mis hijos sin trasladarles mi angustia.»

Tiempos verbales

Palabras
Palabras

Palabras, palabras, palabras. Vamos paseando por la vida de conjugación de conjugación, acompasando los tiempos verbales a los tiempos cotidianos. Hoy en día hay muchas gentes que no ven claro el futuro, y parecen conjugar de manera constante un presente continuo: está ocurriendo con esta maldita crisis global interminable que ensombrece la línea del horizonte como si una fiera losa de hormigón no dejara salir el sol para amplios colectivos sociales. Otras gentes se refugian en un pretérito perfecto, pluscuamperfecto incluso, porque tampoco hallan la forma de pasar las hojas del calendario sin que el mundo se les caiga encima de golpe y les vuelva a partir las costillas. Nuestro reto como sociedad es lograr que ese futuro se pueda volver a conjugar, superando a partes iguales la rabia y la melancolía. Y construir entre tod@s un relato de porvenir que no deje excluido a nadie. Seguro que juntando el presente a las ansias de futuro, sin olvidar las lecciones del pasado, lo vamos a conseguir, mal que les pese a los agoreros.

Encabronamiento perpetuo

Carmencita
Carmencita

Conozco a un tipo que vive en un país que está dividido en dos o tres partes; no lo sé; nunca se me dio bien la geografía a pesar de tener varios atlas por los estantes. Pero sé que hay pobladores de esta nación, en general muy esparcidos de los valles a las montañas, que viven en un permanente estado de cabreo; mejor dicho, en un encabronamiento perpetuo a cuenta de cualquier asunto, aunque tienen algunas fijaciones: las lenguas cooficiales, el serrrrompelanación, el terrorismo, el tabaco, la familia (tradicional), la crisis, el aborto, los condones, el PSOE, Zapatero, Rubalcaba, el precio de la leche o el número de hebras que vienen en el botecito de azafrán Carmencita. Lo que sea vale para alimentar su crispación, y venga y dale y dale y venga, al derecho y al revés, por detrás y por delante. ¿Hay problemas? Por supuesto. ¿Quiere usted arrimar el hombro para ver si salimos todos juntos en vez de quejarse tanto? Hombre, hasta ahí podíamos llegar. Cuanto peor, mejor. Y luego hay otra parte cansada de escuchar este encabronamiento permanente, que a los primeros les permite avanzar, qué duda cabe. Y luego hay otra parte… Y otra… Y otra… España es un Estado, claro, y también es un estado de ánimo.