Mucho más que un programa

Alberto Chicote
Alberto Chicote

La seca Celtiberia está llena de agua. Torrentes, escorrentías, ríos desbordados… Agua que no para de manar. En una esquina de España había un país de agua por excelencia, Galicia, pero el efecto se ha extendido por toda la piel de toro. España se encharca, pero no es agua del cielo. Es agua de las lágrimas derramadas por toda la gente que lo está pasando mal en esta crisis que todo lo hunde (salvo a los de siempre: los poderosos y los bancos, que salen siempre a flote y a bordo de sus yates de lujo). Otros son los desesperados, los más débiles de la sociedad, arrastrados por una corriente que ellos no han creado y en la que no tienen culpa. Son tiempos duros y desesperanzados, y es fácil decir ánimo cuando cunde el desánimo y todo lo empapa. Pero hay que tirar para adelante, perseverar, plantar buena cara al mal tiempo y remar juntos para buscar una salida colectiva. En la tele acaban de estrenar el programa «Pesadilla en la cocina» (La Sexta), de un chef, mi amigo Alberto Chicote, que enseña a tirar palante a restaurantes en crisis y al borde de la ruina (que es como está el país, por otra parte). Es un programa solo, pero también puede ser un símbolo: a base de perserverar y no desfallecer, a pesar de los pesares, con espíritu y fuerza de equipo y sin dejar a nadie atrás podemos volver a salir a flote. Conozco a Chicote desde que éramos críos en Carabanchel Alto y vecinos de pupitre en clase; sé de su tenacidad, ilusión y bonhomía (que no se equivoque quien no le conozca: la aparente rudeza del cocinero que sale en la tele alberga un gran corazón). Esas son las virtudes que nos hacen falta para espantar las nubes que lo inundan todo.

Clarividencia

Rajoy, acompañado de su séquito, fumándose un puro ayer en NY
Rajoy, acompañado de su séquito, fumándose un puro ayer en NY

Mariano Rajoy rindió un «reconocimiento» ayer desde Nueva York «hacia la mayoría de los españoles que no se manifiestan, que no salen en las portadas de la prensa, que no salen en los telediarios, pero que están ahí», refiriéndose a las recientes protestas contra sus recortes. Él se manifiesta recortando a saco servicios públicos, tijeretazos que acaban menguando también nuestros derechos y libertades, mientras el país que dice presidir se le va de las manos. Seguro que cualquiera de nosotr@s, si tuviera que adoptar las decisiones que adopta este hombre y las consecuencias que comportan, seríamos incapaces de andar tan pichis y tan panchos, tan relajados. Sin embargo él parece en calma; ¡si en el fondo es que le gusta todo lo que está pasando! Y hasta sale en las portadas de la prensa fumándose un puro. Nerón tocaba el arpa mientras Roma ardía. A cada cual, lo suyo.

No-edificar el porvenir

Líneas rojas que no se deberían traspasar
Líneas rojas que no se deberían traspasar

«De tanto decir que sí a todo, ahora no puedo decir a nada que no, doctora. Durante años era todo que sí y no faltaba de nada. Sí a aquello, sí a lo otro, sí a lo demás allá. Y ahora que lo perdí todo, doctora, no puedo decir a nada que no. No puedo negarme a recibir asistencia social, porque me moriría, y mira que soy orgulloso y quién me iba a decir a mí que las iba a pasar así de putas. Miro al horizonte y cuando el sol despunta cada mañana por el este veo que se alzan también las letras ene y o, no; que no hay futuro, que por mucho que amanezca sigue siendo de noche. Yo esperaba, en mi tontuna, algún rayo de esperanza en la entrevista del lunes al presidente en TVE, mira que soy imbécil y cretino, pero es que este hombre es el no personificado y es incapaz de generar una mínima ilusión. Es que no pronunció ni una sola vez algo semejante a «saldremos de esta» ni nada que se le pareciera, y mira que podía haberlo intentado, que a alguien tan familiarizado con la mentira no debe costarle demasiado. También me alarmó mucho que no trazara ningún límite en el recorte de servicios públicos, que no marcara líneas rojas (algo comentó de pensiones, pero conociéndole, los jubilados harían bien en llevarse la mano a la cartera). En suma, doctora, que por todas partes leo no, no y no, y si antes miraba al futuro con optimismo, ahora me da mucho pavor. Miedo no solo por mí, sino por el futuro de nuestros hij@s, por los noes a derechos y libertades que van calando y sobre los que se va a no-edificar el porvenir.»