Verano

Puesta de sol
Puesta de sol
Las vacaciones de verano son un folio en blanco que se escribe con una pluma mojada en agua de mar y en tintas de diversos colores: sandía, melón, albaricoques, melocotones. La hoja con una escritura invisible se deja secar al sol, como las tortas de girasol, las pipas de calabaza o los bacalaos, y su pasta se degusta lentamente, en pequeñas porciones rociadas con un chorro de aceite de oliva y sal gorda, con pereza, al fresco de una terraza o de la orilla de algún lugar con agua. El calor que convierte el cuerpo en un verdadero mar cuya espuma ahuyenta las borrascas, que baja las tensiones y que expulsa los malos humores por el dedo gordo del pie, con sus gotas resbalando, cayendo hacia una nada que cobra todo su sentido. A la vuelta del verano quizá todo siga igual, pero se mantendrá la ilusión del folio por escribir. O no. Felices vacaciones.

Tiempo de torrijas y descanso

Una torrija
Una torrija

Las rebanadas de buen pan se van empapando de leche azucarada, antes de pasar por huevo y sumergirse en el aceite de oliva caliente, ese elixir incomparable patrimonio de la cocina mediterránea. Vuelta y vuelta, evitando que se queden secas. Unos breves minutos de chisporroteo y salta la torrija de la sartén a la bandeja. Una vez tostadas, me gusta pintarlas con el almíbar que tengo preparado en un cacito y espolvorearlas de ¡más azúcar! y algo de canela. Ya va una buena remesa y no queda pan. Qué delicia. Me encantan las torrijas, y ahora es tiempo de ellas. Cuando se acabe esta fuente haré otra; ya dejaremos para más adelante la operación bikini; la lorza hay que cuidarla y engrasarla. Hasta a tres euros las venden en algunas pastelerías de Madrid; en esta fuente hay una pasta, pues.  Mientras me relamo de gusto con la que me acabo de zampar, imagino: ¿por qué no sustituir estos días las aburridas banderas de los edificios oficiales, que tenemos tan vistas, por grandes torrijas ondeantes, chorreando dulce? Los padres y madres alzarían a sus niños sobre sus hombros para coger un cacho de la bandera torrijera y dársela de comer a los pequeños; esa sí que sería una buena comunión con el ser de esta piel de toro, en la que tantos símbolos gastronómicos compartimos: pan, aceite, vino, queso… y torrijas de Semana Santa. Gracias de corazón a tod@s los que siguen este modesto bloc de notas (¡ya van casi 4.000 visitas!) y me animan con sus comentarios: buen descanso, si pueden, y hasta la vuelta. A quienes salgan, que vean paisajes que les ensanchen y endulcen el alma.

OFF=libertad

OFF
Desconexión

Un hermoso chorro de aceite de oliva virgen va empapando toda la tierna miga del mollete. Todavía chorreando, una capa de azúcar se desparrama generosa sobre el pan recién tostado, penetrando la jugosa masa. El aroma del café emana de la cocina con su embrujo para la pituitaria. Las naranjas expanden todo su olor y su sabor. El desayuno queda dispuesto sobre la bandeja. Ojeo a los titulares de prensa que salen de la pantalla, pero sólo un rato. Luego hay que desconectar. Es una jornada libre, en la que uno ejerce uno de los mayores gestos de libertad de estos tiempos modernos: agarrar todos los cacharros inalámbricos que, a la vez que nos liberan, nos atan a los respectivos trabajos, para dejarlos fuera de juego. Que sueñen con unos y ceros, que los humanos nos vamos a la calle a pasar el rato y a tomar el fresco, sin interferencias electrónicas. OFF=libertad; derecho a desconectar. ¿Se incluirá alguna vez esta cuestión en la Declaración de Derechos Humanos?