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Cuento pascual

Un paso de Semana Santa

Un paso de Semana Santa

«Dejando deambular su mirada entre la multitud agolpada en las calles de cualquier ciudad de cualquier Semana Santa en España, el Nazareno se topó con aquellos ojos que observaban desde abajo el paso procesional que lo llevaba al monte del calvario: unos ojos escondidos entre el gentío gris, pero refulgentes como dos gemas en la noche. Condenado a muerte por el poder gobernante, el Nazareno supo que era peor el destino que le esperaba: el de quedarse pronto ciego tras haber descubierto aquellos ojos piadosos, profundos, majestuosos, que le concedían un perdón eterno y en los que él podría haber encontrado cobijo de por vida. Pero ya era tarde, y la última estación le aguardaba, privado como iba a estar un poco más tarde de aquellos ojos.»

¡Toc, toc! Ejem, perdone usted la intromisión, narrador ominisciente. Pero es que no soy yo creyente y los capirotes y demás fantasmagorías de estos días me dan más miedo que otra cosa desde que era pequeño. El caso es que me ha gustado el arranque de esta historia: el encuentro del Nazareno con esos ojos, y la angustia más profunda de saber que jamás los volvería a ver. Pero, ¿y si la historia, por una vez, cambiara y tuviera otro desenlace, más terrenal? Déjeme la pluma, que voy a escribir yo el final del relato del Nazareno con esos ojos. Permítame:

«”Encuentro esos ojos y me quedo sin ellos, y el que dice ser mi padre me dice que no me atormente más, que me promete una vida eterna después del calvario”, caviló el Nazareno. “Pues mira, papi, hasta aquí hemos llegado: no quiero ninguna vida eterna si no voy a ver más esos ojos. Anda y búscate otro perrito que te ladre, pater, que me apeo del paso pero ya”, concluyó sin más vacilaciones. El Nazareno cobró vida real, se incorporó del paso, soltó el lastre de la cruz y saltó al asfalto. La multitud de fieles que seguía la procesión, que tanto decía quererle, huyó despavorida sin decir amén. “Anda, la hostia, tanto me quieren y se piran corriendo. No hay dios que entienda a estos pav@s mortales”, repensó. En pie frente a él, escrutando el silencio para su felicidad, solo se mantuvieron aquellos ojos redentores.»

 
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Publicado por en 29 marzo 2013 en Historias inventadas

 

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Imagine en estos tiempos convulsos


Estos días de noticias tan convulsas son espeluznantes para el organismo de los seres que no creemos ni en banderas, ni en dioses; que ni somos nacionalistas, ni somos religiosos, pero que algo tenemos que decir al respecto. Nuestra alma vaga errabunda y sin un madero al que agarrarse para no caer en el vacío, mientras contempla con pavor la que se está liando en el norte de África y otros países musulmanes por una película o tráiler de supuesta y tonta película que ridiculiza a Mahoma, lo cual ha inflamado a masas de fanáticos en una especie de nueva cruzada contra Occidente. Desde luego que el promotor o promotores de esta tontería que corre por YouTube tienen ganas de joder el ascua, como se decía antaño, y sin duda que han conseguido lo que buscaban. Y respecto a los ardientes defensores de esta fe, ¿por qué no demuestran la misma energía para tratar de construir regímenes que garanticen la democracia y la justicia social? Todo ocurre ante el despliegue naval de Estados Unidos y el mutismo de Europa, que hace agua en el océano de una crisis sin final que parece tenerla atada de pies y manos.

¿Se imaginan un mundo sin dioses, sin banderas, en el que el ser humano fuera la única medida para todas las cosas? Imaginar las cosas es la única manera, con frecuencia, de trabajar para seguir avanzando y hacerlas posible, algún día.

PD.- Con una palabra española de origen árabe, “algarabía”, ha calificado el presidente del Gobierno el agitar de cientos de miles de banderas independentistas esta semana en Cataluña en el marco de la Diada, como si fuera una cosa menor o flor de un día. En este asunto hace falta diálogo y avanzar, de una vez por todas y sin miedo, en la construcción de una España federal que a todos nos acoja, se sienta cada cual como quiera sentirse y en la que las tensiones por las banderas pasen a ser pasto de la historia.

PD2.- Los que imaginan un mundo mejor y se oponen a los recortes sin ton ni son de nuestro querido Ejecutivo tienen hoy cita en las calles de Madrid, con motivo de la Marcha Social que converge en el foro.

 
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Publicado por en 15 septiembre 2012 en Actualidad

 

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El telefonillo

Momento telefonillo

Momento telefonillo

«Yo todas las mañanas, doctora, me intento liberar del sopor, como hará usted, con el telefonillo de la ducha. Por este apéndice llegan mensajes raros del mundo exterior hasta mi cabeza, todavía embotada a tan temprana hora: haz café, vete a trabajar, reúne algo de dinero para intentar recortar la voraz hipoteca… El telefonillo, aplicado al cerebro, conversa con la realidad que afuera, en la calle, también se despereza entre bostezos. Tiene mucha vida el telefonillo, sí. A una amiga mía, cuando era preadolescente, una monja que tenía de profesora solía asustarle no sin cierta delectación con que el telefonillo lo cargaba el diablo: la monja sabría por qué en lugar de dialogar con Dios mediante el telefonillo de la ducha procuraba un cielo ardiente con Lucifer. Mi amiga se quedaba un tanto extrañada en su todavía alma de niña, y solo más tarde pudo aprender las otras ventajas del aparato para su cuerpo, que desde entonces emplea con frecuencia para liberarse de la realidad mediante la inmersión en el deseo. Los poderosos, doctora, también usan telefonillo para sacudirse el estupor. En la imagen de la izquierda, que para mi consuelo se publicó ayer en numerosos diarios, la canciller Merkel parece aplicarse a la oreja una especie de teléfono de los antiguos, que en apariencia se asemeja más bien a un telefonillo de ducha. Al otro lado debía de estar conversando con la afligida Europa, medio hundida por la crisis: “Canciller, sáquenos del hoyo, ¡no nos deje caer!”, debió de suplicarle la UE a la jefa del Gobierno germano. En ese último deseo nos jugamos nuestra realidad presente y futura, doctora.»

 
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Publicado por en 16 septiembre 2011 en Actualidad, En la consulta

 

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