¡Peque con garbo!

Erupción en Islandia
El Eyjafjallajokull

La nube de cenizas originada por el estornudo de un volcán islandés de nombre impronunciable (omito siquiera escribirlo, porque es un esfuerzo baldío) colapsa Europa. Dificulta las comunicaciones aéreas y tiene al personal pendiente de los telediarios. Miles de personas varadas con sus maletas en decenas de aeropuertos del continente. Políticos bloqueados sin poder asistir a los funerales de Estado que tienen lugar en Polonia. Equipos de fútbol impedidos para desplazarse. El Reino Unido a punto de quedarse sin frutas y verduras, alimentos que le llegan sobre todo por avión. El caos es total. ¿Y Dios? Dios ha perdido el contacto visual, como dicen los modernos, con buena parte de los europeos, porque el grosor de la nube volcánica le impide ver lo que ocurre abajo, y sus pulmones ya no son los que eran cuando el Génesis, aquellos maravillosos años en los que pegaba unos alaridos tremendos para conformar el mundo; no puede, por tanto, ponerse a soplar para disolver la nube, por lo que sólo le queda esperar a que escampe. De modo y manera que, si vive usted aquí abajo y es aún creyente, no se preocupe por las consecuencias de sus actos (¡ah!, ¿solía hacerlo?) y peque a mansalva: el altísimo posiblemente no le está escuchando -no suele hacerlo, para qué nos vamos a engañar-, pero es que ahora tampoco le puede ver, así que ojos que no ven, corazón que no siente. ¡Peque con garbo!

El aplanamiento

Mapamundi plano
Mapamundi plano

Será por el efecto de las misteriosas leyes de la ética, la estética o la física cuántica, pero el mundo se aplana. Los objetos de antaño, hermosos en su tripudez, pierden las formas y se allanan: los platos hondos de ahora son casi planos; los orgullosos abdómenes de televisiones y monitores han perecido a manos de las asexuadas pantallas planas. Los cuerpos… Los cuerpos también se aplanan por las premisas del culto a la moda: pierden fuerza las turgencias, los muslos torneados y, ¡oh, dios!, las fabulosas barrigas de nuestros próceres que solían lucirse antes con orgullo. El aplanamiento llega a las ideas, a los conceptos y a los balances contables. Y al propio mundo que nos alberga: es sabido que el planeta, de tanto girar, se va achatando por los polos y ensanchando por el Ecuador. Quizá dentro de miles de años -es una conjetura: no estaremos aquí para contarlo- la Tierra habrá perdido toda su redondez para ser una especie de plato llano (al modo en que algunos solían representarla en la antigüedad) cuyo contenido se desbordará por los extremos, arrastrando hacia el vacío infinito a todo lo que se encuentre por delante, sin un dios al que asirse.

Cultura de cortapega

Tijeras
Tijeras

Bueno, lo de Gaspar Llamazares tampoco es para tanto. Simplemente es degradar a chapuza el milenario arte del cortapega (control equis, control uve) que el ser humano viene empleando en su devenir creador desde el origen del mundo. Citemos un primer ejemplo: según el Antiguo Testamento, Dios creó a Eva (vaya por dios, ¿y no podía ser al contrario?) a partir de una costilla de Adán. O sea, un claro caso primigenio de cortapega sin anestesia. Desde ese momento fundacional, en la cultura humana se impuso la moda del cortapega para erigir, por ejemplo, edificios (vean los capiteles de la mezquita de Córdoba, procedentes de edificios romanos, visigodos… junto con otros de factura propia; un sublime cortapega), además de para promover todo tipo de creaciones. En la era digital, el cortapega se ha convertido en el espíritu creador por excelencia, y se emplea para componer relatos, canciones pop y hasta apuntes de filosofía. También el cortapega está en nuestro ser, integrado por cachitos de ADN procedentes de la caprichosa herencia genética que nos legan nuestros ancestros, arrojando cortapegados de mejor o peor factura. Así que, en definitiva, no hay nada de lo que asombrarse. Una pregunta final para el ignoto ilustrador del FBI que pergeñó el rostro de Bin Laden cortapegando el del político español de Izquierda Unida: ¿cómo compondría el retrato robot de Dios en el improbable caso, dios no lo quiera, de que declararan al Altísimo en busca y captura? ¿Buscaría el flequillo de un diputado de izquierdas en Google para componer la foto? ¿O le clavaría la melena de una parlamentaria de derechas?