Jungla urbana

Jungla
Bienvenid@s a la jungla

«Cuando me asomo a la ventana, doctora, entreveo un panorama lleno de lianas y de una maleza sucia, muy tupida y trepadora, que va cubriendo la superficie de todas las casas que tengo enfrente de mi ventana; que va penetrando por todas las rendijas de la sociedad, convirtiéndola en una jungla enloquecida. Lo que ayer era una sociedad provista de ascensores para que los ciudadanos pudieran subir y mejorar su posición social, con independencia de la familia en la que hubieran nacido, se está perdiendo. Le hablo de esos ascensores en forma de becas para el estudio, por ejemplo, que hoy están desapareciendo por obra y gracia de nuestros gobernantes. Le cito un ejemplo, doctora: una carrera de letras cuesta casi dos mil euros al año; no todo el mundo se puede permitir ese desembolso; en una carrera más técnica, el dinero crece con creces. Desaparecen los ascensores sociales y todo se puebla de lianas… Estamos volviendo a la jungla, con los servicios sociales podados salvajemente, en un sálvese quien pueda despiadado, y el que no pueda, mala suerte. En la pesadilla que comienzo a atisbar desde mi ventana, doctora, alcanzo a ver gentes que se aprestan a subirse a los árboles de donde nunca debieron descender, que arrancan maderos y se dedican a apalizar a quienes están abajo y no pueden ascender. Veo una pauperización social que ya no es solo cosa de unos pocos: que nos empieza a afectar a la mayoría, por activa o por pasiva. Atisbo una jungla urbana que no me gusta, doctora, y que me da mucho miedo.»

Respeto

Adiós, desesperanza
Desesperanza

«Doctora, mi padre y mi madre me enseñaron a respetar a los semejantes, hicieran lo que hicieran y se encontraran donde se encontraran en la escala social; fuesen quienes fuesen, barrenderos o ministros. Y así procuro hacerlo en mi vida, recordando que todos somos iguales, vistamos trajes o sudaderas, llevemos pañuelos o corbatas. Respetar a tus semejantes como seres iguales ante la vida que somos, que afrontamos semejantes miedos y frustraciones semejantes. Estos días en que dimitió Esperanza Aguirre, la todopoderosa ya expresidenta de Madrid, me acordé mucho de este asunto del respeto, porque es verdad que su marcha fue saludada con respeto. Y yo me preguntaba si este personaje público se merecía respeto en semejante trance, para concluir que sí. Ahora bien, doctora, para recordar también que no fue ella, que gobernó para los pudientes y los de rentas altas de la Comunidad de Madrid, un ejemplo precisamente de respeto hacia los demás. Porque no son muestras de respeto precisamente las políticas neoliberales que ella ha practicado, las del sálvese quien pueda y a quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga. Las de su, seguro, admirado Romney del 47%. A mí más que darme esperanza, me dio desesperanza. Hasta siempre.»

No-edificar el porvenir

Líneas rojas que no se deberían traspasar
Líneas rojas que no se deberían traspasar

«De tanto decir que sí a todo, ahora no puedo decir a nada que no, doctora. Durante años era todo que sí y no faltaba de nada. Sí a aquello, sí a lo otro, sí a lo demás allá. Y ahora que lo perdí todo, doctora, no puedo decir a nada que no. No puedo negarme a recibir asistencia social, porque me moriría, y mira que soy orgulloso y quién me iba a decir a mí que las iba a pasar así de putas. Miro al horizonte y cuando el sol despunta cada mañana por el este veo que se alzan también las letras ene y o, no; que no hay futuro, que por mucho que amanezca sigue siendo de noche. Yo esperaba, en mi tontuna, algún rayo de esperanza en la entrevista del lunes al presidente en TVE, mira que soy imbécil y cretino, pero es que este hombre es el no personificado y es incapaz de generar una mínima ilusión. Es que no pronunció ni una sola vez algo semejante a “saldremos de esta” ni nada que se le pareciera, y mira que podía haberlo intentado, que a alguien tan familiarizado con la mentira no debe costarle demasiado. También me alarmó mucho que no trazara ningún límite en el recorte de servicios públicos, que no marcara líneas rojas (algo comentó de pensiones, pero conociéndole, los jubilados harían bien en llevarse la mano a la cartera). En suma, doctora, que por todas partes leo no, no y no, y si antes miraba al futuro con optimismo, ahora me da mucho pavor. Miedo no solo por mí, sino por el futuro de nuestros hij@s, por los noes a derechos y libertades que van calando y sobre los que se va a no-edificar el porvenir.»