Bueno para desalinearse de la alienación

Metro Cúbico
Metro Cúbico

«Doctora, yo saber sé, porque lo sé por usted y también porque lo sé por mi misma mismidad, que estar estamos todos alienados o como se diga. Alienados, eso, no alineados, que esto segundo es un fenómeno que se da el el fúrbol: A ver, míster, la alineación, ¿me toca jugar o me quedo en el banquillo viendo jugar a los colegas? Eso, alienados digo. Como ocupados por un alien. En manos de fuerzas en las que no nos gustaría estar y que nos hacen llevar vidas absurdas, o pasando la vida en tonterías que nos consumen sin dar gran cosa a cambio. Yo le recomiendo, doctora, que vaya una sala de teatro cojonuda que hay en Usera, o Useras como dicen los taxistas, que se llama Kubik Fabrik. Que es un sitio estupendo, oiga. El otro día, la otra noche mejor dicho, fui a ver dos piezas teatrales que tratan esto de la alienación y sus problemáticas. Una se llama Metro Cúbico, y va de los habitáculos que yo y mis contemporáneos fingimos habitar, con la soledad del ser y esas cosas entre cuatro paredes. Vivimos en celdas monásticas, oiga, doc. Y la otra que vi se llama Büro, y es también sobre la problemática del trabajador en una oficina chasqueante y desternillante, en un decorado con pop-ups, como los libros de los críos. Oiga, doctora, que son dos obras muy recomendables y divertidísimas, le digo, que en esta sala se interpretan con mucha frecuencia. Oiga, megaoriginales le digo pa sintonizar con usted, que usted es un poco pija.  Las dos forman parte de La Trilogía del Hombre Moderno (la tercera obra no estaba en cartel), hacen de reír porque son muito divertentes y son buenas también pa hacer gimnasia con la mente. Kubik Fabrik, repito, doctora. Yo salí consciente, más consciente, de mi alienación, y consciente también de que en la vida les gusta que nos alineemos y tod@s tenemos tendencia a alienarnos, pero que no debemos olvidar de que, para meter gol, hay que desmarcarse de la alineación.»

Crisis de codicia

Codicia
Codicia

«Aquí en España, doctora, se ha concentrado una gigantesca crisis de codicia, que llegó a sus límites alimentada por el proverbial apego de cada cual a lo suyo y a la ausencia de sentimiento colectivo, al egoísmo del españolito y al ande-yo-caliente-ríase-la-gente. Los bancos lo pusieron todo perdidito de créditos tirados por los suelos, pero, ¡ay!, ya no nos queremos acordar de aquellos años en los que todos deseábamos que los pisos valieran más, y más, y más… Venga, doctora, que nos creímos todos millonarios de golpe y mi piso de mierda llegó a costar lo mismo que un adosado en las afueras de París. ¿No nos dimos cuenta de que aquello era una falacia que tenía que reventar o, más bien, no nos quisimos dar cuenta? Políticos y bancos tuvieron una enorme parte de responsabilidad, sin duda, unos por permitir la burbuja y no velar por el bien común y otros por llenarla de aire caliente, pero, ¿y el comportamiento de cada cual? ¿Para qué vale que el precio de su piso en aquel entonces creciera sin parar, si resulta que sus hijos no se podían emancipar? Las consecuencias de aquella locura colectiva de codicia las vamos a pagar durante generaciones: el país se endeudó hasta extremos, y ahora eso es el pretexto perfecto para recortar y recortar servicios públicos. Mi codicia, y la tuya, y la de aquel, y la de aquella, nos ha traído la ruina a tod@s. Gracias a tod@s por esta nada tan absoluta.»

Vida social

Eurocopa
Eurocopa

«Doctora, me encuentro como Mariano. Desorientado, digo. El pobre no quiere comparecer ni a rastras en el Congreso para explicar la cosa del norescate a España según él, pues se ve que no tiene ni idea y está sobrepasado por las circunstancias, el pobre. Así que al pobre no le queda otra que refugiarse en las retransmisiones del Eurogrupo, digo no, perdón, que esas son a puerta cerrada y casi que mejor no saber los entresijos, porque igual se le pone a uno mal cuerpo y ganas de vomitar; las retransmisiones de la Eurocopa quería decir. Pero el problema es que a mí el futbol me la trae al pairo y de lo del rescate no rescate algo entiendo pero casi que prefiero no entender porque no hay dios que lo entienda, y si entiendes demasiado dan ganas de abrir la espita del gas. Total, que así, ¿cómo va a tener uno vida social y temas de conversación, doctora? ¿Y si, a pesar de todo, me intento hacer coleguita de Mariano y nos hacemos compañía el uno al otro?»