Muertos muy vivos

Guadaña
Guadaña

«Doctora querida, este es un mundo lleno de vivos que se lo están llevando muerto por la patilla. Un ejemplo: los financieros a los que se les hacen inyecciones de crédito (la venidera de Bankia: 23.000 millones de euros, más del doble del viaje que le pegó el Gobierno del PP de Mariano Rajoy a la sanidad y a la educación). Vivos que se lo llevan o han llevado muerto, y a los que hay que seguir haciéndoles transfusiones de sangre para que no desfallezcan, a costa del desfallecimiento de todos los demás mortales, que de por sí estamos muertos a fuer de no haber sido nunca tan listos. Y resulta que tampoco hay mucho que hacer según dicen los entendidos, pues si no se les insufla sangre nueva y fresca, todo el país será un camposanto. Menudo dilema el de la piel de toro, un toro ahora en los huesos y puro pellejo después de haberse comido, merendado y cenado las vacas gordas. No sé si me se entiende, doctora. ¿Le queda algo de papeo en la nevera?»

Des-orientación

Brújula
Brújula

«Doctora querida, tengo menos credibilidad que una acción de Bankia y menos palabra que un portavoz del gobierno del PP. Me hundo como las cotizaciones bursátiles y estoy más quemado que los puros que se fuma pausada y relajadamente Rajoy en La Moncloa mientras todo arde y se va al carajo a su alrededor. Mi cuerpo atufa y despide un olor a rata como las ratas financierobancarias que nos han llevado a una crisis que el común de los mortales no ha originado, pero que el común de los mortales sufre como una de las siete plagas de Egipto. Mi mente se desmantela al ritmo que se están desguazando servicios públicos, proyectos vitales y grupos de trabajo. Después de esta charleta, tengo, doctora, una mala noticia que darle: me quedan cuatro chavos en la cuenta corriente porque me acaban de finiquitar con la nueva reforma laboral, así que no sé cómo pagar sus, por otra parte, para mí inestimables servicios. No deje de atenderme, porque me quedaré sin brújula a la que encomendar mi norte, que ya no sé si estará en mi sur, en mi este o en mi oeste.»

La plebe semos asín

Pobres
Pobres

«En los cuentos de mi hija, doctora, los reyes son seres generalmente magnánimos y sabios. También los hay cabronzuelos, pero acaban siendo derrocados en actos de justicia poética. No los hay escopeteros, ni cazaelefantes. A ver cómo le explico a la niña, a mi reina, que es preferible que se quede con esos, con los reyes de los cuentos, que son inofensivos, o con los Reyes Magos, en los que tanto cree y que por tanto existen, que son los que traen regalos y, como mucho, escopetas de juguete con balas de corcho atadas con un cordel. Pero esta niña que es tan lista seguro que se preguntará cuando vea la noticia en los telediarios: «¿Y este rey no se podría dedicar a cazar otras cosas? Por ejemplo, a cazar comida para toda la gente que en el barrio la busca en los contenedores de basura, algo cada vez más frecuente. O a cazar trabajos para los casi seis millones de españoles que no lo tienen y que posiblemente jamás puedan viajar hasta Botsuana, el territorio de la realidad irreal donde el rey caza paquidermos». La plebe semos asín, doctora, ni pensamos en cazar elefantes, ni queremos ir a Botsuana. Solo deseamos, doctora, que no nos caiga un elefante sobre la cabeza en forma de mala noticia, como quedarnos sin trabajo en estos días inciertos.»

PD.- Si viviéramos en la III República y el presidente hubiera protagonizado semejante episodio, ¿qué pasaría? Casi con toda seguridad, se habría tenido que ir a su casa a recuperarse de la operación de cadera, para siempre.