La culpa siempre es de ellas

Sara Carbonero
Sara Carbonero

Parece mentira que el mundo ruede y ruede, vivamos en la era digital dospuntocerista y los seres humanos nos aprestemos a explorar Marte. Porque hay cosas que no cambian, especialmente todas las relacionadas con nuestros a menudo retrógrados usos y costumbres; los prejuicios más acendrados que nos salen por los poros. Ejemplo: siempre la culpa de lo que va mal es de las mujeres, que tienen una naturaleza maléfica y perversa que pierde al inocente hombre, siempre. Lo ha sido desde el principio de los tiempos y lo sigue siendo. Lo sostiene hasta un diario tan «serio» como el británico The Times, cuando informó con grandes titulares de la reciente derrota de la escuadra española frente a la helvética: Sexy Sara sinks Spain (La sexy Sara hunde España -o sea, la reportera de Deportes de Telecinco desplazada a Suráfrica, al parecer novia del portero de la selección para los profanos del mundo esférico, como es mi caso, y que, claro, descentra al joven, pobre-). La culpa siempre es de ellas, siempre. Adán se perdió por Eva. Troya se perdió por una tal Helena. Los Beatles se separaron por Yoko Ono (lo cantaban con ironía los Def con Dos: «La culpa de todo la tiene Yoko Ono»). Oigan, pero, ¿no somos tan modernos?, ¿y seguimos con estos rancios y casposos prejuicios machistas y estas milongas? Deseo con toda mi alma, y lucho por ello, que mi hija pueda vivir en una sociedad libre de estas miserias, pero cada vez lo tengo menos claro. Qué pena me doy; qué pena damos.

¿Qué fue de?

Krishna
Krishna

«Doctora, qué complicado es en estos días esféricos trabar una conversación cuando a uno no le gusta el fútbol. Menos mal que con usted, aquí en el diván, todo es distinto, y la simple visión de su sonrisa, la comprobación de su escucha solícita a mis paranoias y sus sabios consejos posteriores son todo un consuelo. Ayer, fíjese, parece ser que un bollo suizo con exceso de levadura estalló en plena cara de La Roja, y lo más curioso es la que se montó cuando acabó el partido: la proliferación de ese fenómeno tan español del que hemos hablado alguna vez: el cenizo yoyaísta (No, si yo ya decía que estos chavales a la hora de la verdad se vienen abajo; No, si yo ya sabía que España no pasa de la primera fase). Qué país, y ya le digo que a mí el fútbol me trae al pairo, pero, ¿por qué nos falta tanta empatía? En fin, doctora, que menos mal que usted me escucha; así que, cambiando de asunto, y como veo que a usted tampoco el gusta el balompié, aprovecho para plantearle un tema que ha atribulado mis sueños esta pasada noche: ¿qué fue de los hare krishna? ¿Se acuerda de ell@s? Esos jóvenes y jóvenas de melena lacia y largas vestiduras, que antes eran tan habituales en las calles del centro de esta capital, moviendo las caderas al ritmo de sus salmodias (Hare Krishna Hare Krishna / Krishna Krishna Hare Hare / Hare Rama Hare Rama / Rama Rama Hare Hare). Tod@s hemos tarareado ese mantra alguna vez cuando veíamos su show en Sol, o en Preciados, aun sospechando que era una secta rara. ¿Qué fue de ellos? ¿Ha tenido alguna vez en esta consulta a alguno, doctora?»

Hollando caminos

Banderas UE-España
Bandera UE-España

Con frecuencia creemos ser pioneros hollando caminos que en realidad otr@s abrieron antes que nosotros. En algunos casos lo llaman adanismo: «Hábito de comenzar una actividad cualquiera como si nadie la hubiera ejercitado anteriormente» (DRAE), por Adán, el primer poblador de la Tierra creado por Dios para judíos, cristianos y musulmanes.  Por ignorancia o soberbia pensamos que somos los primeros en algo, y resulta que no estamos sino pisando las huellas que otros dejaron, o quitando el polvo al camino que otros transitaron con resultados dispares. Pero hay ocasiones en las cuales sí transitamos por caminos nunca hollados: hace veinticinco años, por ejemplo, España dio un paso de gigante con su adhesión a lo que hoy es la Unión Europea, después de tantos siglos de vivir, en la práctica, casi de espaldas a nuestro continente. Hace 25 años que las estrellas de la bandera europea comenzaron a circular por nuestras arterias, y sus efectos beneficiosos comenzaron a dejarse sentir sobre todo el organismo nacional, trayendo para España un desarrollo vertiginoso, hasta entonces desconocido, transformando nuestros caminos empedrados en flamantes autovías de última generación. En la defensa y la salvaguarda de Europa, el espacio de desarollo económico y social más justo del mundo -con todas sus deficiencias, por supuesto-, está nuestra senda, nuestro camino y nuestro futuro.