La culpa siempre es de ellas

Sara Carbonero
Sara Carbonero

Parece mentira que el mundo ruede y ruede, vivamos en la era digital dospuntocerista y los seres humanos nos aprestemos a explorar Marte. Porque hay cosas que no cambian, especialmente todas las relacionadas con nuestros a menudo retrógrados usos y costumbres; los prejuicios más acendrados que nos salen por los poros. Ejemplo: siempre la culpa de lo que va mal es de las mujeres, que tienen una naturaleza maléfica y perversa que pierde al inocente hombre, siempre. Lo ha sido desde el principio de los tiempos y lo sigue siendo. Lo sostiene hasta un diario tan «serio» como el británico The Times, cuando informó con grandes titulares de la reciente derrota de la escuadra española frente a la helvética: Sexy Sara sinks Spain (La sexy Sara hunde España -o sea, la reportera de Deportes de Telecinco desplazada a Suráfrica, al parecer novia del portero de la selección para los profanos del mundo esférico, como es mi caso, y que, claro, descentra al joven, pobre-). La culpa siempre es de ellas, siempre. Adán se perdió por Eva. Troya se perdió por una tal Helena. Los Beatles se separaron por Yoko Ono (lo cantaban con ironía los Def con Dos: «La culpa de todo la tiene Yoko Ono»). Oigan, pero, ¿no somos tan modernos?, ¿y seguimos con estos rancios y casposos prejuicios machistas y estas milongas? Deseo con toda mi alma, y lucho por ello, que mi hija pueda vivir en una sociedad libre de estas miserias, pero cada vez lo tengo menos claro. Qué pena me doy; qué pena damos.

Cultura de cortapega

Tijeras
Tijeras

Bueno, lo de Gaspar Llamazares tampoco es para tanto. Simplemente es degradar a chapuza el milenario arte del cortapega (control equis, control uve) que el ser humano viene empleando en su devenir creador desde el origen del mundo. Citemos un primer ejemplo: según el Antiguo Testamento, Dios creó a Eva (vaya por dios, ¿y no podía ser al contrario?) a partir de una costilla de Adán. O sea, un claro caso primigenio de cortapega sin anestesia. Desde ese momento fundacional, en la cultura humana se impuso la moda del cortapega para erigir, por ejemplo, edificios (vean los capiteles de la mezquita de Córdoba, procedentes de edificios romanos, visigodos… junto con otros de factura propia; un sublime cortapega), además de para promover todo tipo de creaciones. En la era digital, el cortapega se ha convertido en el espíritu creador por excelencia, y se emplea para componer relatos, canciones pop y hasta apuntes de filosofía. También el cortapega está en nuestro ser, integrado por cachitos de ADN procedentes de la caprichosa herencia genética que nos legan nuestros ancestros, arrojando cortapegados de mejor o peor factura. Así que, en definitiva, no hay nada de lo que asombrarse. Una pregunta final para el ignoto ilustrador del FBI que pergeñó el rostro de Bin Laden cortapegando el del político español de Izquierda Unida: ¿cómo compondría el retrato robot de Dios en el improbable caso, dios no lo quiera, de que declararan al Altísimo en busca y captura? ¿Buscaría el flequillo de un diputado de izquierdas en Google para componer la foto? ¿O le clavaría la melena de una parlamentaria de derechas?