Los peores fantasmas son nuestros miedos

The haunting of Hill House
The haunting of Hill House

Los peores fantasmas son nuestros miedos. Nuestro peor enemigo es el enemigo que llevamos dentro. El amor es nuestra tabla de salvación y lo único por lo que merece la pena vivir. 

De todo esto habla, en mi modesta opinión, una maravillosa serie de ficción que se puede ver en la plataforma de vídeo Netflix, La maldición de Hill House. No tengo duda alguna de que es una de las mejores series que he visto. La trama de este drama gira alrededor de las complejas relaciones que se mantienen en una familia (¿hay alguna familia en la que no haya alguna que otra compleja relación?), alrededor del hechizo de una casa que ha trastornado sus vidas para siempre.

Los actores son soberbios; la caracterización, extraordinaria; la puesta en escena, impregnada de una perfecta dramaturgia; la música, el guion… Todo es redondo en esta serie, con momentos para reír, llorar y estremecerse. Estremecerse, unos cuantos momentos (mejor no ver la serie de noche y a solas, que la oscuridad da sustito después de tragarse un capítulo).

La maldición de Hill House es de terror, pero llevadero. Lo suficiente para tenerte en tensión e ir descubriendo el misterio. Yo las series de terror por terror no las soporto; esta es de terror, sí, pero un poco solo. Soportable hasta para  los miedicas como un servidor.

Y el final es tan redondo… No lo cuento para no hacer spoiler, como se dice ahora. Pero en el desenlace todo cobra sentido y la conclusión te reconcilia con todos los personajes de una serie vitalista, porque, en contra de lo que pudiera parecer cuando uno comienza a verla, infunde vida, porque anima a vivir y a dejarse hechizar, o a encantar. Y a amar.

 

Animales feroces

Isaac Chocrón
Isaac Chocrón

Pocas obras he visto en la Kubik con tal profusión de actores y actrices como esta Animales Feroces, de Isaac Chocrón (escritor venezolano de origen sefardí que publicó esta obra en 1963), que hoy dice adiós en este teatro de Usera, a cargo del Colectivo Fisión Escénica. Once personas sobre el escenario, todas de la misma familia, en una obra de historias entrecruzadas alrededor de un suicidio con misterio de fondo, el de una posible pasión que solo se insinúa. Porque en  todas las familias hay mentirijillas, historias a medias y medias verdades es recomendable ver a estos animales feroces en evolución sobre las tablas de la Kubik, que se desarrolla a modo de flashes fotográficos, de trocitos de puzzle que van encajando y desencajando sobre la idea de la soledad llevada hasta sus últimas consecuencias. Es muy interesante, por cierto, la incorporación de música sefardita y de la iluminación a esta obra sobre una familia judía, hasta tal punto de que música y luz se convierten en dos protagonistas más de esta original pieza.

Dejémosles ser niñ@s

Playmobil
Playmobil

Traía en fechas recientes La Vanguardia una información que constata algo que todos podemos ver en las calles de nuestros barrios, pueblos y ciudades: los niñ@s cada vez son menos niños; su tránsito en esa etapa de sus vidas cada vez acaba antes, lo cual debería hacernos pensar en qué sociedad estamos construyendo entre todos (unos más que otros). Reproduzco algunos párrafos de la información, porque no tienen desperdicio: «La infancia de los niños españoles se reduce paulatinamente y pierde terreno frente a a la adolescencia, en la que los menores entran cada vez a edades más tempranas, adoptando modelos de comportamiento adulto a partir de los 11 años, e incluso antes. Los niños no están viviendo la infancia, ha asegurado la catedrática de Teoría de la Educación de la Universidad de Valencia Petra María Pérez, autora del estudio Infancia y familias. Valores y estilo de educación (…) Mientras que los niños se entretenían antes hasta los 13 años con muñecas, coches y otros juguetes tradicionales, en la actualidad dejan de jugar a una edad muy prematura, les interesan los programas de televisión de adultos, quieren vestirse como mayores y usar móviles. El no haber jugado y leído lo suficiente provoca que los menores no sepan esperar y quieran todo ya, factor que se convierte en la causa de conflictos en el seno de las familias más destacada por los padres, en un 22,3% (…)». A mí constatar estos hechos, que uno ve a diario cuando tiene hijos pequeños de corta edad, con compañeros de colegio que imitan el comportamiento de modelos o de cantantes de televisión me produce un gran desasosiego. Estamos privándoles de su infancia; qué triste es condenarles a que sean viejunos antes de tiempo.