Jerga y desorientación

Rafael Alberti
Rafael Alberti

«Como suele decir mi mujer, doctora, lo que no se nombra, no existe. En este proceso de ocultación, los humanos tenemos una larga trayectoria, enviando al limbo del silencio cuestiones incómodas. Ha pasado en todas las instituciones,  y en todos los países: los temas espinosos se obvian y se condenan a una especie de segunda muerte. Ocurrió, por ejemplo, con los abusos a menores en instituciones religiosas, durante muchos siglos silenciados, o con los que suceden en el seno familiar, otro gran tabú. Y, aunque no tenga nada que ver, doctora -pero ya sabe que me gusta pasar de un tema a otro haciendo grandes piruetas-, en otros casos se nombran las cosas, pero envueltas en tal cantidad de jerga que acaban convertidas en mundos cuya comprensión queda al alcance de unos pocos: sucede en el mundo económico, o en el jurídico. ¿Quién les entiende? ¿Quién nos entiende? Hasta el más pintado se cree muy centrado, cuando en realidad está tan desorientado como el humano del poema Se equivocó la paloma, de Rafael Alberti: Se equivocó la paloma. Se equivocaba. / Por ir al Norte, fue al Sur. Creyó que el trigo era agua. Se equivocaba. / Creyó que el mar era el cielo; que la noche la mañana. Se equivocaba. / Que las estrellas eran rocío; que la calor, la nevada. Se equivocaba. / Que tu falda era tu blusa; que tu corazón su casa. Se equivocaba. / (Ella se durmió en la orilla. Tú, en la cumbre de una rama.)»

Lo tuyo no es una familia

Familia feliz
Familia feliz

Tú que vienes de otro mundo, Faktuna, ¿tienes familia? ¿Y cómo es? ¿Estás casado por tu iglesia, has tenido los hijos que te mande tu dios, comulgas y confiesas tus pecados todos los domingos? ¿No lo haces? ¡Qué me dices! Pues entonces lo tuyo no es ni familia, ni nada; es un paripé. No es que lo diga yo, no, sino una instancia que responde a las siglas CEE, del siglo, ¿de qué siglo?, y que pretende seguir pontificando de cara a los milenios venideros como si la España de hoy en día no estuviera conformada por familias de todo género y condición, mal que les pese a los organizadores de eventos como el del pasado domingo en Madrid. Es necesario repetirlo, para que no se apropien de las palabras: su familia no es la única familia digna de tal nombre, su moral no es la única moral existente, mal -de nuevo- que les pese a estos señores de negro (suelen ser señores) que llevan dos mil años de mal humor.