Quitanieves

Quitanieves
Quitanieves

En estos días en los que se hace sentir el invierno con toda su fuerza y crudeza me gusta quedarme en casa viendo consumirse el fuego de la hoguera, que nunca se apaga porque leña tengo de sobra. Aquí arriba, en la montaña, tan lejos de la urbe. No quiero poner la calefacción eléctrica, que consume una barbaridad y luego llegan unos recibos de aúpa, de los que te tienes que pellizcar para poder creértelos y que dejan la cuenta tiritando en plena cuesta de enero. Me embuto en varias capas de ropa, me sumerjo bajo las mantas (las dos que tengo) en el sofá y me engancho a las series de una plataforma en streaming cuyo nombre no pongo para no hacerle publicidad gratis. Mucho rollo lo de vivir en el campo y qué bucólico y pastoril todo, pero sin Netflix ya no puedo vivir (¡anda, lo he escrito al final!). La tele actúa como quitanieves en estas largas horas muertas cubiertas primero de rocío, de nieve después y de hielo cuando caiga la noche. No hay mucho más que hacer, ni tampoco es que yo quiera hacer mucho más.

¡Sigan al asesino!

Panama Jack
Panama Jack

«Sí, agente; lo que le digo. Era un tipo anodino, sin más; de unos setenta años; pelo blanco. Deambulaba ayer por los pasillos de la estación de metro de Legazpi, la mirada torva. Su comportamiento me hizo sospechar; siempre creo que todo el mundo es sospechoso de algo. Vencí mi miedo y pude mirar de reojo dentro de la pesada bolsa que portaba, cuando subí detrás de él en la escalera mecánica. Y ahí comprobé que yo estaba en lo cierto: la bolsa contenía un torso de un ingenio mecánico que identifiqué como el quemador de una caldera de gas, posiblemente destrozado a martillazos. No me cupo duda: este criminal había asesinado a su caldera, la había despedazado con saña y estaba repartiendo ahora los restos de su víctima por todo el metro de Madrid, para que no quedaran pruebas de su execrable crimen. Bueno, agente, tampoco es que me extrañe: la caldera de mi casa falló este crudo invierno más de una vez y mi mujer y yo también pensamos en asesinarla, aunque al final se impuso nuestro carácter, de natural compasivo, porque nuestra Saunier Duval es como si fuera de la familia. Pero lo del tipo este del metro… me inquietó, y por eso vine a la Comisaría a poner una denuncia. Una prueba de su, sin duda, naturaleza psicópata: la bolsa en la que portaba los restos mortales aún humeantes era de ¡Panamá Jack! ¿Dónde se ha visto algo semejante? ¡Por Dios, síganle la pista antes de que despedace a su siguiente víctima!»

General Invierno

Copo de nieve
Copo de nieve

El General Invierno ha llegado a Madrid. Los copos de nieve se van depositando sobre las calles con su blandura de blanco algodón. También los años van blanqueando -aclarando en otros casos- nuestras cabezas, y ahí el grado de blandura y dureza de los copos del dios Cronos depende de la existencia de cada cual. ¿Sabes Faktuna?, mi hija Estrella dice que la nieve está hecha de harina y leche.