Paraguas rojo

Paraguas
Paraguas

Las previsiones meteorológicas dicen que vienen unos días de borrasca. El hombre del tiempo habla de frío y lluvia. Toca abrigarse y elegir bien la ropa para no mojarse. Así que no salgas a faenar y deja la barca atracada, no hagas el tonto por cuatro peces. No se sabe cuánto se puede prolongar el temporal, puede que solo unos días, o tal vez sea cosa de varios meses; incluso de años. El tiempo está muy loco, y tú que estás en contacto con la naturaleza lo sabes mejor que nadie. Agarra el paraguas cuando vayas al colmado; mira a ver si han traído las conservas de bonito que tanto me gustan y compra también un saquito de legumbres, un manojo de hierbas de infusión y algunos embutidos curados, que voy a poner unas fabes. Si ves membrillos, echa un par de kilos, que luego haremos carne de membrillo al calor del hogar. No te vayas todavía: el mal tiempo siempre me hace pensar de dónde venimos y adónde queremos ir. Pero elige bien el paraguas antes de salir a la calle: no cojas ese de colores azules que es más falso que judas y tiene goteras; coge más bien el rojito, el que era el favorito de tu madre, que siempre te ha protegido. Coge bien el paraguas; no digas que no te avisé si luego te calas hasta los huesos.

Horror vacui

Aceitunas rellenas
Aceitunas rellenas

Conocida es la tendencia humana a rellenarlo todo. Un estante en un hogar no es tal si no está lleno de cosas hasta reventar. Cuanto mayor es el bolso, más objetos le metemos dentro. Buscamos coches grandes con grandes maleteros para coparlos por completo de cacharros inservibles. Llenamos nuestros bolsillos de chorradas. Necesitamos trasteros para desprendernos de todas las absurdancias que acumulamos y apenas hemos usado un par de veces. Las aceitunas sin hueso vivían felices hasta que a alguien se les ocurrió rellenarlas de pseudoanchoas, o de pimiento. El afán de que no quede un hueco libre llegó también al arte, con manifestaciones artísticas que no dejan un solo milímetro sin decorar siguiendo las directrices de un estilo que recibe un nombre en latín: horror vacui. Ha habido mucho de horror vacuii en esta crisis que comenzó en 2008. Nuestra sociedad se rellenó hasta los topes de euros estos años de atrás, librados por bancos y banqueros sin escrúpulos que lo inundaron todo de créditos a mansalva. Una inundación de dinero fácil que se volatilizó como el agua, dejándonos desnudos y solos ante el miedo al vacío de esta crisis global.

Calmas y deseo

El Hierro
El Hierro

En el fondo del llamado Mar de las Calmas se está formando un volcán. Los conocedores de ese misterioso mundo calculan que la criatura ya se alza cien metros sobre el cierre de un valle submarino hasta entonces apacible, en el que posiblemente solo se internaban las especies pelágicas, si es que osaban ir tan abajo porque se olían que algo iba a ocurrir. El volcán no para de convulsionarse y retorcerse, y sus requiebros están meneando la cercana isla de El Hierro, que (¿pronto en términos geológicos?) tendrá un hermanito en forma de islote. Está dibujando una larga lengua de lava, en el fondo del mar, valle abajo, a modo de la placenta con la que todos venimos al mundo. Se agita y escupe; seguro que cuando termine de redactar estas insignificantes líneas habrá engrosado su tamaño unos milímetros más. Es una formidable corriente de energía submarina acompañada de olor a azufre en la superficie, el aroma del demonio. En el fondo de la piel, de cualquiera de nuestras pieles por muy en calma que estén, también laten deseos que se alzan sobre valles.