La llama

Llama
Llama

La vida, ese misterioso tránsito entre lo visible y lo invisible, que viene a describir el poeta Antonio Gamoneda en Arden las pérdidas (2003). La distancia que media entre el nacimiento y la muerte; «el olvido que seremos», como se titula el estremecedor libro que el escritor colombiano Héctor Abad Faciolince publicó en 2007 para revivir la figura de su padre, asesinado por paramilitares de su país, tomando el título de un poema atribuido a Borges. La vida de todos, que se va extinguiendo conforme pasan los días; cada día que pasa es un día menos por vivir, aunque la llama de algunos nos siga siempre iluminando el camino. Carpe diem.

La conversión

Pablo de Tarso
Pablo de Tarso
«(Un teletipo de Loco Carioco News) El ex presidente del Gobierno patrio, José María Aznar, citando al diario El Mundo, ha sido nombrado «presidente del consejo asesor de Global Adaptation Institute, una iniciativa privada sin ánimo de lucro que aspira a convertirse en una voz pragmática en el debate sobre el cambio climático. En apenas dos años, el ex presidente ha pasado de considerar el cambio climático una teoría «científicamente cuestionable» y a calificar a sus abanderados de enemigos de la libertad, a presidir una organización de nuevo cuño cuyo objetivo será precisamente adaptarse al calentamiento global». Loco Carioco News puede adelantarles más efectos de la alocada furia conversa que agita al ex presidente cual Pablo de Tarso contemporáneo: en las próximas semanas se aguarda que el ex mandatario sea nombrado también presidente de consejos asesores de una entidad dedicada al diálogo con el mundo islámico, de otra entidad cuyo objetivo es combatir siempre la mentira, de otra tercera consagrada a defender la imagen de España en el mundo y de otra más que promueve el cultivo de la lorza. En efecto, sobre este último asunto, Aznar ha decidido decir adiós a su abdomen cincelado. «O seah, es que passso de la tableta de chocolate en mi cuerpo. Ahora quiero todo el chocolate a la taza en mi panza; ¡viva el michelín!», ha anunciado.»

 

La cabra y los gritos

La cabra
La cabra

«Me presento. Soy la cabra de la Legión que año tras año asiste al desfile militar del 12 de octubre. Soy la cabra que en los últimos años presencia también los gritos de una panda de humanos asistentes hacia otro humano asistente que tiene las cejas apuntadas, creo que le llaman presidente del Gobierno. Oigan -bueno, no me oirán porque no entienden mi lenguaje-, pero yo siempre me pregunto una cosa: ustedes los humanos de esta piel de toro llamada España, ¿no votan cada cuatro años para elegir quién les preside? Y entonces, ¿por qué esos chillones no manifiestan un poco más  de respeto y buena educación hacia esas cosas que ustedes los humanos llaman instituciones, aunque no les gusten sus inquilinos? Nosotras las cabras nos ponemos a darnos de cabezazos por un quítame allá esas pajas, pero a los humanos se les presupone algo más de saber estar. Y encima esos señores y señoras tan vociferantes se ponen a chillar cuando suena esa musiquilla solemne que llaman himno nacional; pero, ¿no son ustedes tan patriotas? Es curioso, pero juraría -aunque la vista ya me falla- que algunos de esos seres tan vociferantes que chillaban ayer son parientes de otros humanos que venían aquí hace años, cuando era otro humano el que presidía el desfile, un paisano mío gallego caprino (yo también soy de Ferrol) al que yo le tenía mucho cariño: no en vano era un gran macho cabrío, un gran cabrón que anduvo cuarenta años en la tribuna de autoridades. Pero no recuerdo que los antepasados de estos seres tan vociferantes dieran berridos en aquel entonces, no (y eso que mi primo era un dictador al que no se le podía ni votar, ni botar); más bien le aclamaban y elevaban la mano hacia el cielo. Ah, que era para ver si llovía; yo es que de política no entiendo, y además, insisto, tengo la vista cansada.»