La maqueta

Maqueta
La maqueta

«Contemplo desde los ventanales de mi despacho, en la planta 33 de un edificio al suroeste de esta capital, el bullir de las calles en esta tarde soleada, la ciudad postrada decenas de metros más abajo, como una miniatura. Tras un rato de ensimismamiento, los ojos se me van luego hacia una maqueta real de otra ciudad en la que viví hace muchos años; la encontré tirada en el despacho de una compañera. Estaba algo mutilada y llena de polvo, la rescaté y aquí la tengo, al lado del ordenador, de pisapapeles, para que no vuelva a extraviarse. Me imagino las minividas de las gentes en esta maqueta: el ir y venir de Antón al periódico, el camino que Helena seguía para asistir a las clases del instituto, la ruta que hacía la señora Uxía para comprar en el mercado quesos de nabiza y lacones; tiempo ha. Vuelvo la mirada hacia las cotizaciones del Dow Jones y del Ibex 35 de la pantalla; qué apasionante. Y los ojos se distraen de nuevo con la maqueta: creo haber entrevisto una luz encendida en una casita del centro, al lado de la catedral; sí, es una estudiante que se aplica sobre los libros; y de otro edificio de la calle de la Reina me sube un olor a bizcocho recién hecho. Lo único que le falta es que la riegue un poco; este despacho tiene el climatizador a tope, el ambiente está muy reseco y esta maqueta debe añorar las lluvias de la ciudad que representa. Quizá la riegue, sí, y le pinte algún tejado de colorines, para alegrar el gris.»

OFF=libertad

OFF
Desconexión

Un hermoso chorro de aceite de oliva virgen va empapando toda la tierna miga del mollete. Todavía chorreando, una capa de azúcar se desparrama generosa sobre el pan recién tostado, penetrando la jugosa masa. El aroma del café emana de la cocina con su embrujo para la pituitaria. Las naranjas expanden todo su olor y su sabor. El desayuno queda dispuesto sobre la bandeja. Ojeo a los titulares de prensa que salen de la pantalla, pero sólo un rato. Luego hay que desconectar. Es una jornada libre, en la que uno ejerce uno de los mayores gestos de libertad de estos tiempos modernos: agarrar todos los cacharros inalámbricos que, a la vez que nos liberan, nos atan a los respectivos trabajos, para dejarlos fuera de juego. Que sueñen con unos y ceros, que los humanos nos vamos a la calle a pasar el rato y a tomar el fresco, sin interferencias electrónicas. OFF=libertad; derecho a desconectar. ¿Se incluirá alguna vez esta cuestión en la Declaración de Derechos Humanos?

Cincel y ADN

Cincel
Cincel

Repasando viejas fotos, y no tan viejas, se comprueba cómo el ADN va cincelando nuestro rostro. De partir con formas dulces, propias de un alfarero que modela nuestra cara y nuestro cuerpo al nacer con amabilidad y donosura, el paso del tiempo va endureciendo algunos gestos y surcando arrugas con el arado alrededor de nuestros labios y nuestros ojos. Decía Miguel Ángel que la tarea del escultor era liberar las formas que se encontraban dentro de la piedra. Y algo similar ocurre en nosotros, con desigual fortuna: la herencia genética pugna por salir fuera, por manifestarse, en forma de la nariz de un bisabuelo o del mentón de otra tatarabuela. Así se va esculpiendo nuestro cuerpo y nuestro rostro, que adquieren el barniz definitivo con los brochazos que nos va pegando la vida.