La prueba del algodón

Día de la Mujer 2011
Día de la Mujer

La prueba del algón que revela el avance democrático de una sociedad es siempre el avance en los derechos de la mujer. Y ahí todavía queda mucho por avanzar, porque si pasas el algodón por la realidad, generalmente sigue saliendo bastante sucio. En España, a pesar de los muchos pasos que se han dado, faltan todavía muchos por dar. Sigue el goteo de muertes originadas por el machismo criminal. Siguen los efectos de una crisis que no parece acabar nunca y que se está cebando con ellas, arruinando muchos anhelos. Sigue la discriminación más o menos oculta que deja un reguero silencioso de víctimas. En la otra orilla del Mediterráneo, las esperanzadoras revoluciones árabes tienen que fraguar en países democráticos, avanzados, con justicia social y, sobre todo, con respeto a los derechos de la mujer.  Menos mal que, por lo menos, ahí están las valerosas y valiosas mujeres periodistas de este país para contárnoslo. ¡Feliz Día Internacional de la Mujer!

¿Qué está pasando?

Combate la violencia
Por la igualdad

Van setenta mujeres muertas en lo que va de año a manos de sus agresores. Setenta vidas, setenta existencias cortadas de raíz. El último caso acaba de producirse en Barcelona. ¿Qué está pasando en nuestro país? El terrorismo doméstico, el machismo criminal, sigue campando por sus respetos, y no seremos una sociedad digna de tal nombre mientras no se acabe con esta repugnante lacra. Todos debemos implicarnos en este combate; todos, sin excepción. Vivimos en un estado ya no de alarma, sino de excepción, mientras haya tantas vidas amenazadas y finalmente sitiadas. Es una vergüenza absoluta. Es un fracaso colectivo impropio de un país desarrollado. Como siempre, el mejor arma es la denuncia, y hay un medio eficaz para hacerlo: el servicio telefónico 016, de información y asesoramiento jurídico en materia de violencia de género, puesto en marcha por el Gobierno de España como parte de su compromiso contra la violencia de género. ¡Actúa, llama!

Apellidos: gesto por la igualdad

Apellidos chinos
Apellidos chinos

Cuando nació mi hija Estrella, hace cinco años, mi mujer y yo, ambos feministas y de izquierdas, o de izquierdas y feministas (tanto monta, monta tanto; ¿hay izquierdistas que no sean feministas?, pues qué contradicción, porque el feminismo ha sido, es y será uno de los grandes movimientos emancipadores de la condición humana) adoptamos una decisión. Como decía, ambos, y yo de manera especial, teníamos un deseo: invertir el orden de los apellidos, permitido por una modificación legal, para no repetir el uso y costumbre patriarcal en España de que el apellido paterno fuera en primer lugar. Así lo acordamos en el Registro Civil, con naturalidad, y tan contentos. Yo creo que estos pequeños gestos ayudan a transformar la sociedad y hacen avanzar la igualdad, y como me gusta predicar y dar trigo, así lo hice. Ahora leo el revuelo que se ha montado con este asunto y las voces desaforadas de la caverna, pegando gritos a diestro y siniestro, como acostumbran, porque parece que se tambalea otro de los sacrosantos pilares de la patria. Creo que la paternidad no se demuestra con la prevalencia del apellido paterno, que ya no basta con poner la semillita y el apellido primero, sino queriendo a mi hija con toda mi alma, jugando con ella, alimentando su ansia de saber, enseñándole a crecer libre y feliz, amando a Estrella con toda la dulzura del mundo que me es posible, con la misma dulzura con la que mi madre, su abuela, que tan mal lo está pasando en este tramo final de su vida, me ha amado a mí.