Ferragosto

Lorenzo
Lorenzo

En Ferragosto los ritmos vitales caen bajo mínimos, como las bolsas de estos días. Cuesta levantarse y desperezarse, echar aftersun a la piel que el sol abrasó ayer entre canchales ribereños de parajes de montaña. Ha pasado la lluvia de Perseidas y, maldita sea, no he vuelto a ver ninguna por más que escudriñé los cielos, pero qué falta me hace verlas estando en compañía de mis dos estrellas preferidas, que cumplen años también alrededor del Ferragosto. La gran ciudad baja los latidos, acompasa su ritmo cardiaco al calor, aunque hayan desaparecido aquellos agostos de hace quince, veinte, veinticinco años, cuando Madrid a estas alturas de año se asemejaba a una ciudad golpeada por la bomba hache, vacía como una planta de un ministerio a las ocho de la tarde. Aquellos veranos con la ciudad desierta son historia; el foro ya no se vacía nunca del todo. Pero es Ferragosto, qué demonios, así que voy a dejarme poseer por el dolce far niente, que ya vendrá la marejada.

Selectividad

Exámenes
Exámenes

Miles de aspirantes a universitari@s afrontan estos días las pruebas de Selectividad, determinantes para su futuro. Durante las semanas previas abarrotaron las bibliotecas públicas, buscando una mesa donde repasar las asignaturas. Yo me acuerdo de mi selectividad con nostalgia a pesar de todo el esfuerzo, del atracón de temas que me metí, de los madrugones para estudiar en aquellos meses de mayo y junio de ¿1987? Una calurosa primavera de hace tantos años ya, en la qua me levantaba a estudiar con la fresca. Me salió bien. Durante estas mañanas de junio de 2011, estudiantes que también tienen 18 años copan los vagones del Metro, camino de los centros donde harán las pruebas. No hace tiempo que tú y yo viajábamos en el mismo vagón, estudiando nerviosos los últimos apuntes, echando un ojo a las últimas lecciones, riéndonos con algún compañero de viaje para disimular los nervios. Pasando las páginas de la vida y de las estaciones. No hace tanto tiempo.

Ciudadan@s, a las urnas

Urna
Urna

Claro que voy a ir a votar. Voy a hacerlo por un alcalde que impulse la vida de los barrios de Madrid y que modernice sus dotaciones. Que respete los servicios públicos. Que deje de hacer desangeladas plazas de hormigón. Que no meta más coches en la ciudad, sino que trate de restringir el tráfico. Que promueva la vivienda pública e impulse el alquiler. Que revitalice la vida ciudadana y el orgullo de ciudad de Enrique Tierno. Que dinamice la vida cultural en todos los distritos, y no solo en el centro. Que no utilice el cargo como promoción para saltar a La Moncloa. Voy a votar para quitarle la careta al actual inquilino del despacho de la Alcaldía, que se viste de falso progre para arrebañar votos de todos lados. Y voy a votar por un presidente de la Comunidad de Madrid que no insulte a los discrepantes. Que deje de mermar los servicios públicos y que proteja la sanidad y la educación. Un presidente que acabe con la deriva derechista del Gobierno regional. Un presidente que permita que Telemadrid vuelva a ser la tele que yo conocí, y no lo que es ahora. La victoria está complicada, lo sé, pero hay que intentarlo. Cada uno sabrá lo que hace y lo que vota. Mañana será tarde para arrepentirse. Quedarse en casa solo empeora las cosas, así que, a votar, en mi caso, por la izquierda.