Madrid ↔ Lisboa

Estación de Delicias
Estación de Delicias

Estamos de centenarios en esta gran, extraordinaria metrópoli de Madrid. Ha cumplido 100 años una de sus arterias principales, la más entrañable para muchos madrileñ@s y visitantes: la Gran Vía, que surgió como ansia de modernidad hace cien años en una ciudad entonces carente de semejantes ensanches. Y ha cumplido 30 años más que la Gran Vía, 130 nada menos, la vieja estación de tren de Delicias, hoy Museo del Ferrocarril, que en su origen daba servicio a las conexiones ferroviarias entre Madrid y Lisboa. Es un placer pasear por la Gran Vía y deleitarse con sus edificios, y también es una delicia hacerlo por la estación homónima y contemplar los viejos trenes, varados allí como veteranos navíos cansados de singladuras (visita ésta muy recomendable si tienen niñ@s, por cierto).  Madrid ↔ Lisboa. Qué mejor manera de hablar de ambas ciudades que desear que pronto, cuanto antes, entre en funcionamiento -se calcula que para 2013- el AVE que acerque y estreche los lazos entre las dos capitales ibéricas, que han pasado demasiado tiempo una de espaldas a la otra. Qué delicia será coger un tren de alta velocidad a la orilla del Manzanares y, a las pocas horas, contemplar el atardecer sobre el Mar da Palha de la bella ciudad portuguesa, diluyéndonos en él.

El Guernica

Guernica
Guernica

Ya se ha movido bastante. Comenzó su andadura en París, con motivo de la Exposición Universal de 1937, mostrando al mundo, desde el pabellón español, el horror de los bombardeos fascistas en la Guerra Civil. De allí pasó a Nueva York, a su Museo de Arte Moderno, con algunos otros viajes de por medio. De esa gran metrópoli, capital del mundo, regresó a esta gran otra ciudad que es Madrid, a los pocos años de la Transición democrática, en 1981, cumpliéndose así el deseo de Picasso de que esta obra no volviera a España mientras estuviera bajo el yugo y las flechas franquistas. Su primer hogar fue el Casón del Buen Retiro, frente al parque homónimo; y era grato dar un paseo por el parterre que está enfrente y pasar luego a echar una ojeada al cuadro. De allí lo movieron al Reina Sofía,en 1992. Así que, en efecto, mejor que no se mueva más, porque además, por su avanzada edad, presenta un delicado estado de salud. Total, sin necesidad de más mudanzas, es un cuadro que forma parte de la memoria colectiva y que decoró muchas de nuestras habitaciones de adolescentes, como un símbolo permante del horror de la guerra. El Guernica está bien donde está.

La maqueta

Maqueta
La maqueta

«Contemplo desde los ventanales de mi despacho, en la planta 33 de un edificio al suroeste de esta capital, el bullir de las calles en esta tarde soleada, la ciudad postrada decenas de metros más abajo, como una miniatura. Tras un rato de ensimismamiento, los ojos se me van luego hacia una maqueta real de otra ciudad en la que viví hace muchos años; la encontré tirada en el despacho de una compañera. Estaba algo mutilada y llena de polvo, la rescaté y aquí la tengo, al lado del ordenador, de pisapapeles, para que no vuelva a extraviarse. Me imagino las minividas de las gentes en esta maqueta: el ir y venir de Antón al periódico, el camino que Helena seguía para asistir a las clases del instituto, la ruta que hacía la señora Uxía para comprar en el mercado quesos de nabiza y lacones; tiempo ha. Vuelvo la mirada hacia las cotizaciones del Dow Jones y del Ibex 35 de la pantalla; qué apasionante. Y los ojos se distraen de nuevo con la maqueta: creo haber entrevisto una luz encendida en una casita del centro, al lado de la catedral; sí, es una estudiante que se aplica sobre los libros; y de otro edificio de la calle de la Reina me sube un olor a bizcocho recién hecho. Lo único que le falta es que la riegue un poco; este despacho tiene el climatizador a tope, el ambiente está muy reseco y esta maqueta debe añorar las lluvias de la ciudad que representa. Quizá la riegue, sí, y le pinte algún tejado de colorines, para alegrar el gris.»