Amaneceres infantiles

Pesadillas
Pesadillas

Cuando uno es niño las noches se pueblan de trasgos, monstruos y brujas, que no se van del todo a pesar de que haya una lamparita que dé luz al lado de la cama. Más bien al contrario, porque la lamparita tiene por costumbre arrojar sombras con formas caprichosas que, no se sabe cómo lo hacen, pero siempre se asemejan a seres fantasmagóricos. Qué miedo. Y meterse debajo de la sábana y las mantas (hoy, del edredón) tampoco ayuda, aunque consuele, porque los seres raros siguen ahí afuera acechando al otro lado de la tela, debajo de la cama o subidos a la estantería de los cuentos, que en sí mismos son formidables contenedores de sueños y pesadillas. Solo la llegada de nuestra madre, al requerimiento de nuestra voz o de nuestro llanto, espanta las bestias y ahuyenta los temores. Mi madre, la madre de cada cual, su cálida voz con propiedades balsámicas, sus manos siempre llenas de caricias tranquilizadoras, que corre a arroparnos o a darnos un beso de hola al mundo matinal, de adiós a las sombras, de triunfo de la luz, de bienvenid@ al amanecer.

Paraguas rojo

Paraguas
Paraguas

Las previsiones meteorológicas dicen que vienen unos días de borrasca. El hombre del tiempo habla de frío y lluvia. Toca abrigarse y elegir bien la ropa para no mojarse. Así que no salgas a faenar y deja la barca atracada, no hagas el tonto por cuatro peces. No se sabe cuánto se puede prolongar el temporal, puede que solo unos días, o tal vez sea cosa de varios meses; incluso de años. El tiempo está muy loco, y tú que estás en contacto con la naturaleza lo sabes mejor que nadie. Agarra el paraguas cuando vayas al colmado; mira a ver si han traído las conservas de bonito que tanto me gustan y compra también un saquito de legumbres, un manojo de hierbas de infusión y algunos embutidos curados, que voy a poner unas fabes. Si ves membrillos, echa un par de kilos, que luego haremos carne de membrillo al calor del hogar. No te vayas todavía: el mal tiempo siempre me hace pensar de dónde venimos y adónde queremos ir. Pero elige bien el paraguas antes de salir a la calle: no cojas ese de colores azules que es más falso que judas y tiene goteras; coge más bien el rojito, el que era el favorito de tu madre, que siempre te ha protegido. Coge bien el paraguas; no digas que no te avisé si luego te calas hasta los huesos.

#Titulares# ¡Feliz año 11!

Estrella y bengala
Estrella y bengala. ¡Feliz 2011!

El 10, tan orondo él a primera vista, acabó demostrando que tenía unas curvas muy peligrosas que terminaron produciendo más de un siniestro total durante estos doce más bien insoportables meses. Menos mal que nos dice adiós. Prometía ser un año redondo y, como todo el que se cree perfecto, resultó insoportable. Tenía el 10 demasiados michelines, algunos de los cuales nos acabaron asfixiando. El año del agravamiento de la economía global. El año del Tea Party. La ebullición de partidos xenófobos en Europa. El envalentonamiento de la derecha. Los recortes sociales impuestos por la crisis. El estado de alarma. La huelga general. Las dudas de la izquierda. Los casinos universales que acaban maniatándonos. El imposible aprendizaje de la insondable macroeconomía y su efecto en la vida cotidiana. El rostro del poder desvelado por Wikileaks. La suspensión de Garzón. Algunas alegrías. La victoria de la roja. El Nobel a Mario Vargas Llosa. La irrupción de las sombras, con la confianza de que, a pesar de los pesares, algún rayo de sol las pueda despejar, de que alguna sonrisa relaje el rostro. En lo personal, el primer año de este modesto blog (250 entradas, ¡casi 12.000 visitas!; muchas gracias por la fidelidad y el cariño diario de tantos buenos lector@s, que me animan a seguir escribiéndolo).  Ha sido el año en el que murió mi madre, Felicitas (71): aunque tus ojos se entornaron, sigo sintiendo el aliento de tu mirada azul. Y nunca olvidaré todo el afecto recibido en ese duro momento. El año en que su nieta, mi hija Estrella (5), aprendió a leer. Hay futuro. Queda esperanza. ¡Feliz año 11!