¿Y si las cosas no hubieran sido como nos las contaron?

¡Adelante Kubik!
¡Adelante Kubik!

Ahora que todo es tan cambiante, y que realidad está sometida a una tensión permanente, ¿y si las cosas no hubieran sido como nos las han contado? ¿Cuántas mentiras nos cuentan y contamos para no volvernos locos y poder seguir viviendo? ¿Cuántos lugares comunes se han perpetuado a través de los siglos y forman parte de nuestro imaginario colectivo? Estas son las preguntas que subyacen bajo la función Claudio, tío de Hamlet, de Rajatabla Teatro, representada estos días en el emplazamiento provisional de mi querida sala Kubik Fabrik en el Matadero, de Madrid. La obra, en genial interpretación de Ernesto Arias, Eduardo Mayo y Verónica Ronda (tres actores, solo tres actores sobre los que se sostiene todo un universo), pone el foco en el personaje de Claudio, el asesino de su hermano el rey Hamlet, y tío del hijo del mismo nombre, para lanzar esos interrogantes sobre un personaje que Shakespeare describió como ambicioso, envidioso y celoso, pero que en esta obra se enfrenta a una nueva óptica: la de quien comete ese crimen para librar a su pueblo de un mal mayor, pues «no se puede obrar justamente con quien es injusto». Claudio abre, así, un tiempo para la reflexión, y tras hora y media de espectáculo sale uno con las neuronas calientes y la sonrisa en los labios. Por fortuna, Kubik Fabrik volverá pronto a su sala habitual en Usera, una vez felizmente superados los problemas de licencia después de la ímproba tarea de Fernando Sánchez-Cabezudo, su director, del resto de la entusiasta tripulación de este gran proyecto, y del apoyo que le hemos prestado muchos micromecenas. Kubik volverán a seguir deleitándonos con sus mentiras, desde las tablas, porque eso es el teatro: una gran mentira que permite a sus espectadores coger energías para poder seguir viviendo. Enhorabuena y ¡adelante Kubik!

[No-Res], para qué esta nada

Colonia Castells
Colonia Castells

El IX Festival Internacional de Documentales de Madrid, Documenta Madrid, ha premiado con todo merecimiento un magnífico documental, [No-Res], de Xabier Artigas (con la valiosa e imprescindible producción de mi excompañera Ana Castañosa), que recoge los estertores de una forma de vida en una colonia fabril obrera de Barcelona arruinada por la piqueta y las ansias especuladoras. [No-Res] es también una metáfora de la crisis: la burbuja que nos envolvía y cuyo estallido en mil pedazos se está llevando por delante, en una brutal onda expansiva, vidas y proyectos, arruinando la vida de las gentes más humildes y trabajadoras. Un documental sin apenas diálogos, porque no hacen falta: las imágenes lo dicen todo y hablan por sí solas, esa nada que da paso a la nada. Una colonia de viviendas humildes, pero llenas de vida, asolada para pasar a ser un solar poblado por las ratas. Anoche tuve oportunidad de ir a verlo en Matadero Madrid, sede del festival, y me llevé a mi hija Estrella, que con seis años ha heredado en vena la cinefilia de su madre. Me lo pasé en grande a pesar de la tristeza que emana la cinta. Estrella aliñó con sus comentarios de cría espabilada los silencios del documental, y extrajo dos conclusiones: sus críticas a los poderes públicos que han alimentado la burbuja y su abatimiento por ver que se derriban «los sueños de la gente». Su mente de seis años carbura mucho más que la de otros de cuarenta.