Castigados sin membrillo

Membrillos (bodegón de Mercedes Gallardo)
Membrillos (foto: Mercedes Gallardo)

Voy a retomar la escritura de este blog, porque sobran motivos para escribir, y porque hay gente que lo echa de menos. Me recordaba una amiga ayer, a través de un precioso bodegón que colgó en Facebook, que estamos en tiempo de membrillo, y yo, que aunque sea un ser de ciudad cuento el paso de las estaciones según las frutas van cambiando en los estantes, me he animado a que esta bitácora no decaiga (muchas gracias, Mercedes). Es tiempo de membrillo: creo que esta misma tarde compraré un kilo en el mercado, para hacer una buena fuente, al modo como lo hacía mi madre. Membrillo que me endulce en estos tiempos amargos, más amargos si cabe por quienes desencadenan fenómenos huracanados más destructivos que el ciclón Sandy, y que no pisan la realidad y solo la contemplan agazapados desde las frías estadísticas. Me refiero a algunos de los desalmados que nos gobiernan, a quienes parecen darles lo mismo las consecuencias de sus decisiones y de sus no decisiones: el incremento de parados, de desposeídos, de ciudadanos desahuciados, arrojados a los márgenes de la sociedad. Sí, estos seres gobernantes no se merecen membrillo, porque son unos desalmados, insisto, porque no tienen alma: que le pregunten a la célebre Mariló Montero qué fue de ella, en qué extraño trasplante perdieron el alma y la empatía, si es que alguna vez las tuvieron. El membrillo, para quien se lo merezca.

Tiempo de membrillo

Membrillos
Membrillos

Aunque sea de ciudad, me gusta comprobar el paso del tiempo por las frutas y los frutos de temporada que van apareciendo en las tiendas. Ellos son las hojas de mi particular calendario. Reparo siempre en los estantes de las fruterías y las verdulerías para ver que, vaya, ha caído otro mes, y otro, y otro… Se nos va la vida al ritmo de las estaciones. Ahora es tiempo de membrillo, de nueces, castañas, de higos secos… Dan mucha energía y aportan grandes cantidades de nutrientes, y me vienen bien en este tiempo de desgaste emocional. Cuando acabe de escribir estas líneas del blog, me voy a poner manos a la obra con una olla de de carne de membrillo; a mi madre le encantaba hacerlo, y como este año no puede y no voy a poder meterle mano a la fuente que solías tener en tu nevera, ¿sabes, mamá?, lo voy a hacer yo, que hace tiempo que no lo hago. Siempre me he sentido bien contigo entre fogones, desde pequeño, viendo cómo hacías las cosas, aprendiendo las recetas que he hecho una y otra vez en la edad adulta, una y otra vez. Lástima no haberme dedicado a la cocina, pero, mira, esta pasión por los fogones será una de las cosas que siempre compartiré contigo. Este perolo de membrillo va a por ti, mamá.