Hipocresía y lucro indecente

Periódico
Periódico

Numerosos periódicos considerados serios de nuestro país, cabeceras de referencia incluso, no incluyen anuncios de -por ejemplo- traficantes de armas. Y, en cambio, no tienen problema a la hora de publicar páginas y páginas de anuncios de un tráfico que genera un lucro no menos indecente: la prostitución. Pocos medios hay que se hayan negado a hacer negocio con semejante negocio (Público, La Razón, Avui…), mientras que el resto no le hacen ascos a un dinero procedente de la explotación más asquerosa de la mujer. ¿Harán caso del acuerdo unánime que todas las fuerzas políticas alcanzaron este pasado martes en el Congreso para eliminar esta publicidad? Está por ver (falta, además, que el Gobierno concrete una propuesta definitiva, previo informe del Consejo de Estado). Eso sí, estos mismos medios, tan serios ellos, son los mismos que luego publican larguísimos reportajes de denuncia de redes de prostitución, que conviven, unas pocas páginas más adelante, con los anuncios mencionados. A esto se le llama hipocresía. Y cambiando de tema, pero sin salir de las procelosas aguas informativas: son también muchos los medios que publican estos días amplios reportajes sobre la precariedad laboral y la dura situación del mercado de trabajo en estos tiempos de crisis, con editoriales en grandes letras mayúsculas, pero que luego tienen a su trabajadores y trabajadoras sometidos a unas condiciones laborales propias de una plantación algodonera de Alabama en el siglo XIX. A esto también se le llama hipocresía.

Macedonia de titulares

Senyera
Senyera

La visión de los medios de comunicación sobre la realidad siempre es, necesariamente, parcial, determinada por su línea editorial, su tendencia ideológica y sus propios intereses. Lo de este martes, a propósito de la sentencia del Tribunal Constitucional (TC) que avala la mayor parte del Estatut catalán, arroja una verdadera macedonia de titulares para desayunar, a menudo contrapuestos. La prensa madrileña se despacha con titulares como el TC “avala el Estatuto pero niega validez al término nación” (El País), “Casas salva el Estatut mediante un último apaño” (El Mundo), “El TC purga el Estatut” (ABC), mientras que para La Razón el Constitucional “desinfla la ‘nación’ catalana del Estatut” y para Público la norma “sale tocada”. Los principales medios catalanes titulan “Volem l’Estatut” (El Periódico) y el TC “rebaja el Estatut” (La Vanguardia). En conclusión, una entrenida ensalada de titulares principales, en los que no hay menciones a esa supuesta desintegración de España que el PP vino pregonando desde que impugnó el Estatut, y que se ha demostrado absolutamente falsa, como tantas otras cosas.

Página impar

Periódico
Periódico

La crisis económica golpea con especial crudeza a los medios de comunicación, especialmente a la prensa escrita (periódicos y revistas). En pos de la publicidad, estos medios ceden, cada vez con mayor frecuencia, sus espacios más visibles a los anunciantes, multiplicando lo que ya venía siendo una tendencia. Es frecuente encontrarse últimas páginas que ya no son contraportadas, sino anuncios a toda plana. Hay incluso hasta alguna primera página que se concibe a modo de escaparate publicitario. Otros periódicos de referencia no tienen empacho en publicar grandes encartes pagados, algo hasta no hace mucho impensable en determinadas cabeceras, Y, por supuesto, las páginas impares, aquellas más golosas para los anuncios porque son las primeras en las que se detienen nuestros ojos cuando miramos una revista o un rotativo, son espacio preferente para la publicidad (que también paga más por ocupar estos lugares, por supuesto). Los medios renuncian a escribir sus historias en estas páginas para que sean otros los que escriban las suyas: historias de perfumes, de coches, de cruceros allende los mares. Y nosotros, los lectores, ¿cuántas veces renunciamos también a escribir las historias de nuestras vidas para que sean otros quienes redacten las páginas impares, las más interesantes, de nuestras existencias?