Tiempo de torrijas y descanso

Una torrija
Una torrija

Las rebanadas de buen pan se van empapando de leche azucarada, antes de pasar por huevo y sumergirse en el aceite de oliva caliente, ese elixir incomparable patrimonio de la cocina mediterránea. Vuelta y vuelta, evitando que se queden secas. Unos breves minutos de chisporroteo y salta la torrija de la sartén a la bandeja. Una vez tostadas, me gusta pintarlas con el almíbar que tengo preparado en un cacito y espolvorearlas de ¡más azúcar! y algo de canela. Ya va una buena remesa y no queda pan. Qué delicia. Me encantan las torrijas, y ahora es tiempo de ellas. Cuando se acabe esta fuente haré otra; ya dejaremos para más adelante la operación bikini; la lorza hay que cuidarla y engrasarla. Hasta a tres euros las venden en algunas pastelerías de Madrid; en esta fuente hay una pasta, pues.  Mientras me relamo de gusto con la que me acabo de zampar, imagino: ¿por qué no sustituir estos días las aburridas banderas de los edificios oficiales, que tenemos tan vistas, por grandes torrijas ondeantes, chorreando dulce? Los padres y madres alzarían a sus niños sobre sus hombros para coger un cacho de la bandera torrijera y dársela de comer a los pequeños; esa sí que sería una buena comunión con el ser de esta piel de toro, en la que tantos símbolos gastronómicos compartimos: pan, aceite, vino, queso… y torrijas de Semana Santa. Gracias de corazón a tod@s los que siguen este modesto bloc de notas (¡ya van casi 4.000 visitas!) y me animan con sus comentarios: buen descanso, si pueden, y hasta la vuelta. A quienes salgan, que vean paisajes que les ensanchen y endulcen el alma.

La piel de toro

Escudo Federación Rusa
Escudo Fed. Rusa

Mucho ha cambiado la piel de toro en los últimos años, ¿sabes, Faktuna? Esta mañana, en una oficina de correos de un barrio al sur de esta gran ciudad de Madrid, una inmigrante enviaba 600 euros, más de veinte mil rublos al cambio, a alguien en otra gran ciudad de la Federación Rusa. Comentaba que nació en 1963, y su edad era similar a la de la funcionaria que le atendía. En el 63 este barrio lo formaban emigrantes españoles de muchos rincones de la piel de toro. Ahora lo forman, además, inmigrantes de toda la aldea global. Donde muchos ven un riesgo, otros preferimos ver un factor de enriquecimiento. ¿Riesgos?: claro, es el mayor desafío que posiblemente tiene por delante nuestra sociedad. Éste es un debate que debe hacerse con la mirada abierta, de forma realista, sí, pero libre de prejuicios también.