Una de política ficción

Congreso de los Diputados
Congreso de los Diputados

Una de política ficción. El presidente del Gobierno popular y los grupos políticos que le dan apoyo vulneran la legalidad, la Constitución y el Reglamento de la Cámara y registran una ley urgente para la recentralización del Estado y el fin de las comunidades autónomas. La oposición protesta airadamente ante esta ilegalidad flagrante, presenta recursos, abandona el hemiciclo… Todo en vano. La maniobra se consuma y se decide someter a un referéndum final y vinculante, deprisa y corriendo, sin censo y sin garantías, más propio de una república bananera que de un país avanzado y democrático en pleno siglo XXI. El Tribunal Constitucional prohíbe su celebración. El presidente y sus cuates hacen caso omiso y siguen adelante con sus planes, costeados con dinero público, claro. Las autoridades europeas ponen el grito en el cielo ante estas decisiones. Los fabricantes de banderas hacen su agosto. Los medios de comunicación afectos hacen su trabajo de propaganda y agitación, que da continuidad a la tarea de adoctrinamiento que se ha venido desarrollando en las escuelas y en los colegios desde hace décadas. Los jueces ordenan a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad que hagan su trabajo e impidan la comisión del no-referéndum y de una ilegalidad flagrante, algo que no ocurre. El presidente da por buenos los resultados de la farsa y anuncia que el Congreso, o lo que queda de él, aprobará sus planes y la recentralización del país, en contra de toda lógica y de toda ley, de la historia compartida, echando por tierra la estructura legal en la que se apoya el sistema, después de haber sometido a la sociedad española a una tensión inimaginable. La gente sensata se pregunta cómo se ha podido llegar a esta situación, pero nadie les escucha, porque lo que vende es el grito, la furia y el abucheo a quien osa discrepar… La gente sensata se siente abatida de que haya tanto dirigente político irresponsable que divida entre buenos y malos, entre afectos y desafectos… Pero todo da igual.

¿Qué estarían diciendo y haciendo los nacionalistas de las diversas nacionalidades del ahora llamado Estado español si hubiera sucedido algo así?

La risa vence al miedo

Senses / by Norma Desmond
Senses / by Norma Desmond

La alcaldesa de aquel pequeño pueblo del interior de La Mancha regentó años ha una farmacia. El mundo aquel de drogas legales e ilegales lo dejó tiempo atrás, cuando decidió dar el salto a la política, animada por la numerosa clientela que siempre vio en ella dotes para el liderazgo del común de los mortales. Así que colgó la bata blanca en una alcayata de la parte de atrás de la farmacia, se presentó a las elecciones y sin fórmulas magistrales se alzó con el bastón de mando del pueblo. El negocio se lo traspasó al mancebo y su novia, licenciada en Farmacia, que desde entonces lo han llevado. Ella apenas volvió a entrar, salvo para comprar las pastillas contra la alergia al polen cuando llega la primavera. Pero hace unas semanas, se sobresaltó. Ocurrió que recibió una llamada de su exfarmacia, informándole de la cantidad de tranquilizantes y ansiolítocos que se están despachando para calmar los nervios de la población. No dan abasto, le contaron. La alcaldesa pidió informes, se preocupó, atendió a las estadísticas y se entrevistó con las asociaciones que le hablaban de la desesperación de su pueblo. Hace unos días juntó a los vecinos en la plaza Mayor. Se asomó al balcón y por la megafonía se dirigió a sus paisanos y paisanas, a quienes conoce casi que por el nombre de pila. Los ve abatidos, asustados. «¿Quién de vosotros tiene miedo, sufre, padece, siente que la tierra se le abre cada día bajo los pies en esta maldita crisis?», les pregunta. Un mar de manos se alza ante ella. «¿Y qué podemos hacer?», agrega. No hay respuesta. De repente, en la esquina de la plaza un grupo de niños de seis o siete años se echa a reír, a carcajadas locas, como ríen los locos bajitos cuando son felices, a mandíbula batiente. Y una carcajada espontánea agita toda la plaza y devuelve, por un instante, la ilusión de que todo irá a mejor, de que la risa puede vencer al miedo.

Larga vida al presidente

¡Susto o muerte!
¡Susto o muerte!

Tras unos días de silencio en este blog, es de agradecer que esté ahí gobernando Mariano, al que hay que reconocer que por fin se ha quitado por fin la careta de la que no se quiso privar durante la campaña electoral, a pesar de que mira que fuimos legión quienes le pedimos que dijera la verdad a las claras. Pero usted no quiso, y ahora ya ha comenzado a mostrar sus cartas con toda la crudeza del mundo, dándonos nutrientes informativos a todos sus detractores, oiga. Cartas que portan medidas que, no lo olvidemos, no son solo cuestiones de ajustes contables, sino que obedecen a una impronta profundamente derechista. Las primeras medidas adoptadas por Mariano Rajoy son un rosario de perlas neocon, de las que ayer conocimos la última: el abaratamiento del despido y el retroceso en derechos laborales. Pero hay muchas más que orlan la deriva de Mariano, por ejemplo: subida de impuestos sobre todo para rentas medias y del trabajo, no reposición de las plantillas de los empleados públicos, paralización de la ley de dependencia, congelación del salario mínimo inteprofesional, supresión de la renta básica de emancipación a los jóvenes, subida de un 1% de las pensiones mínimas para quitarles más por vía recaudatoria, consagración del déficit cero, vuelta a la energía nuclear, reforma de la ley del aborto para volver a los postulados más rancios, implantación de la cadena perpetua, eliminación de la asignatura de educación para la ciudadanía… Que Dios coja confesados a los que crean. Los demás, que ni siquiera tenemos un dios en el que refugiarnos, ya vamos dados. No sé si seguir haciendo este blog o si ir reservando un vuelo urgente al extranjero para huir de Mariano.