Cuento del mantel

Albaricoque
Albaricoques

«Sacudí el mantel sin poder decirle adiós. Fue lo penúltimo que hice cuando giró la espalda, enfiló la salida, pegó un portazo y desapareció… El agitar de mi mantel bordado como despedida. El ruido de sus pasos diciéndome adiós, hasta que se fue desvaneciendo, y él ya no volvió. Tú eras muy pequeña, mi hija, no te acordarás. Habíamos estado cenando los tres, algo rápido, por no cocinar mucho con el calor, y de postre nos dimos un atracón de albaricoques; tú eras muy chica para comerlos, y mira que ahora te gustan y los devoras. Luego vino la discusión, y su marcha. Al sacudir las migas del mantel por la terraza que da al jardincillo que nos sirve de reposo, se ve que alguno de los güitos de albaricoque que se quedó entre los pliegues de la tela cayó en buena tierra, germinó, y tiempo después ahí nació el arbolito, que al final de las primaveras nos da sus frutos entre dulces y amargos, tal cual era su carácter, después de tan pronto florecer cuando llega el buen tiempo. Aquella sacudida del mantel fue lo penúltimo que hice en presencia de él, hija mía. Lo último que hago ahora, cada día, cuando se pone el sol, es regar con abundancia el albaricoquero, el único recuerdo que me queda del amor de él, del que se marchó.»

Eurovisión y el espontáneo

Daniel Diges
Daniel Diges

Antaño la gala televisiva de Eurovisión era una gran cita primaveral que reunía a millones de familias españolas frente al televisor para comprobar que, ¡vaya!, ese año tampoco le tocaba ganar a España (nuestro país sólo se ha llevado el gato al agua dos veces, en 1968 con Massiel y en 1969 con Salomé), siempre con la inconfundible voz de fondo del locutor de TVE José Luis Uribarri. Yo aún recuerdo estar de paseo con mis padres en calurosas tardes del preverano en Madrid, y volver a casa apresurados para congregarnos frente a la caja tonta para ver el concurso y reírnos con las votaciones. Ahora ha perdido fuerza, pero sigue teniendo su pegada, y este año con el añadido del espontáneo que saltó al escenario en plena actuación del representante patrio de 2010, Daniel Diges. España quedó en el puesto 15, mala pata otra vez, pero, oigan, qué profesionalidad la de Diges y el cuerpo de baile que le acompañaba, que asistieron impertérritos a las bufonadas del tal Jimmy Jump, un personaje al parecer especializado en hacer el moña en cuantos eventos se le ponen por delante. Sólo por el saber hacer de Diges se merecería haber ganado Eurovisión y haber sumado 2010 a 1968 y 1969. Frikis como el otro fulano abundan bastante en nuestra sociedad; habría que ir pensando en un certamen para sus gansadas, Eurofrikisión, por ejemplo, y no con carácter anual precisamente: casi que se tendría que convocar uno a la semana, porque el género se da como los hongos.

Primavera reventona

Claveles
Claveles

Por fin llegó la primavera con fuerza a Madrid y al resto del país, expulsando el frío y la grisura que reinó durante el largo y prolongado invierno de este año. La nueva estación ha entrado con mucha energía; más bien, ha reventado, como un clavel, llenando todos los rincones de luz, desparramando sus esencias por todas partes. Las ropas de invierno que solían cubrirnos se han retirado con rapidez a sus cuarteles, han corrido presurosas a refugiarse en los cajones tras caer de nuestros cuerpos como capas de cebolla. Los estantes de los mercados se van copando con los nuevos frutos de esta estación, las frutas y verduras que trae el buen tiempo y que alegran también los fogones con fragantes sabores. Han empezado los meses de intensa luz, para bañarnos por dentro y por fuera, aunque algunos cuerpos puedan padecer algo de astenia primaveral mientras se acomodan a la nueva situación. Los cambios siempre cuestan. Nos hacía falta el calor.