Presidente Zapatero

Zapatero, este sábado
Rodríguez Zapatero

La gobernación de un país es un complejo ejercicio de luces y sombras que a nadie deja contento, ni al que lo ejerce, supongo -por la obligación de conjugar anhelos y realidades-, ni a los que reciben las consecuencias de las decisiones. No es hasta dentro de un tiempo cuando la historia con mayúscula puede hacer un juicio objetivo, alejado del ruido que ahoga el análisis más sosegado. La obra del otro presidente socialista de la democracia, Felipe González, con sus errores y sus aciertos, ha pasado ya a los libros del cole: la incorporación de España a Europa, la modernización del país, la universalización de la educación y la sanidad, la consolidación de la democracia, el sometimiento del Ejército al poder civil… Y lo mismo ocurrirá con los capítulos escritos, también con sus errores y sus aciertos, por el segundo presidente socialista de nuestra joven democracia, José Luis Rodríguez Zapatero: su lucha por la ampliación de las libertades civiles, su defensa de las mujeres y de las minorías, la creación de leyes que consagran nuevos derechos sociales, como la dependencia, la segunda modernización del país, la búsqueda del diálogo y del acuerdo como claves de su acción política, las duras medidas que ha tenido que tomar para lidiar con el morlaco de la crisis global… Es un día triste, por mucho que digan lo contrario, para tod@s los que, a lo largo de todos estos años, han tenido como únicos argumentos el vómito y la mala baba contra un presidente legítimo al que la derecha cainita no dio ni un día de tregua desde su primera victoria en 2004: triste, porque, con el anuncio de su marcha, pronto van a perder una de sus dianas favoritas. Decenas de representantes del sector más ultra de esta caverna rancia fueron a manifestarse esta misma mañana con su talante facineroso a la puerta de la sede central del PSOE, en la calle de Ferraz, que acogía la celebración del Comité Federal. Fueron a dejar un poco del estiércol neofascista en el que han estado hozando durante todos estos años. Que sepan que, aunque se vaya Zapatero, van a seguir teniendo enfrente a muchas gentes que seguimos defendiendo los valores de la izquierda, los valores de la libertad, de la fraternidad, de la igualdad, como mejor aliento para el progreso de la sociedad.

La escarcha

23-F, por Mortadelo
23-F, por Mortadelo

«Recuerdo que aquel día, hace casi treinta años, había amanecido con una fuerte escarcha sobre mi pequeño huerto de rábanos, que me solía comer crudos porque dicen que limpian la sangre. Esto de las propiedades depurativas del rábano lo decía mucho la radio, y yo hago mucho caso de lo que dice la radio. Era entonces alcalde de mi pueblo, un pequeño pueblo de Aragón con un alcalde socialista. Hace más de treinta años. La radio informó a media tarde de un incidente que había ocurrido en el Congreso, en Madrid: un grupo de guardias civiles comandados por un teniente coronel había asaltado la cámara. Yo me temí lo peor. Así que cogí la escopeta y me dirigí a varios militantes socialistas en nuestro bar, el bar de los rojos. Les solté una arenga con mi escopeta al lado. Y luego me encaminé al casino, al bar de los fachas. Les hablé clarito a los fachas, con mi escopeta al lado: «Aquí nadie nos va a convertir en simiente de rábano antes de tiempo. Conozco tu cara y lo que piensas, y la tuya, y la tuya… Así que me voy a ir con mis concejales y nos vamos a pasar la noche en el Ayuntamiento, y si alguno de vosotros se acerca a menos de cincuenta metros con malas intenciones, le pego un tiro…»» Era el 23 de febrero de 1981, la tarde en la que unos facinerosos intentaron tumbar la entonces frágil democracia española. Pero a la mañana siguiente no escarchó y el alcalde labrador pudo ir a recoger los rabanitos para hacerse una ensalada que le supo a mieles… y a libertad.

Encabronamiento perpetuo

Carmencita
Carmencita

Conozco a un tipo que vive en un país que está dividido en dos o tres partes; no lo sé; nunca se me dio bien la geografía a pesar de tener varios atlas por los estantes. Pero sé que hay pobladores de esta nación, en general muy esparcidos de los valles a las montañas, que viven en un permanente estado de cabreo; mejor dicho, en un encabronamiento perpetuo a cuenta de cualquier asunto, aunque tienen algunas fijaciones: las lenguas cooficiales, el serrrrompelanación, el terrorismo, el tabaco, la familia (tradicional), la crisis, el aborto, los condones, el PSOE, Zapatero, Rubalcaba, el precio de la leche o el número de hebras que vienen en el botecito de azafrán Carmencita. Lo que sea vale para alimentar su crispación, y venga y dale y dale y venga, al derecho y al revés, por detrás y por delante. ¿Hay problemas? Por supuesto. ¿Quiere usted arrimar el hombro para ver si salimos todos juntos en vez de quejarse tanto? Hombre, hasta ahí podíamos llegar. Cuanto peor, mejor. Y luego hay otra parte cansada de escuchar este encabronamiento permanente, que a los primeros les permite avanzar, qué duda cabe. Y luego hay otra parte… Y otra… Y otra… España es un Estado, claro, y también es un estado de ánimo.