Des-orientación

Brújula
Brújula

«Doctora querida, tengo menos credibilidad que una acción de Bankia y menos palabra que un portavoz del gobierno del PP. Me hundo como las cotizaciones bursátiles y estoy más quemado que los puros que se fuma pausada y relajadamente Rajoy en La Moncloa mientras todo arde y se va al carajo a su alrededor. Mi cuerpo atufa y despide un olor a rata como las ratas financierobancarias que nos han llevado a una crisis que el común de los mortales no ha originado, pero que el común de los mortales sufre como una de las siete plagas de Egipto. Mi mente se desmantela al ritmo que se están desguazando servicios públicos, proyectos vitales y grupos de trabajo. Después de esta charleta, tengo, doctora, una mala noticia que darle: me quedan cuatro chavos en la cuenta corriente porque me acaban de finiquitar con la nueva reforma laboral, así que no sé cómo pagar sus, por otra parte, para mí inestimables servicios. No deje de atenderme, porque me quedaré sin brújula a la que encomendar mi norte, que ya no sé si estará en mi sur, en mi este o en mi oeste.»

Ratas orientales

Ratas
Ratas

Los sátrapas orientales confunden su mundo con el mundo. Lo que distingue el crecimiento del ser humano es su capacidad para concebirse como un ente autónomo frente al entorno (The Magic Years, Selma H. Fraiberg): “Un perro no sabe que es un perro; un ratón no sabe que es un ratón; e incluso entre los primates superiores encontramos que los más avanzados chimpancés no saben que son un chimpancé (…) La cualidad fundamental de la inteligencia humana proviene de su conocimiento de un sí mismo que está separado y es distinto del mundo objetivo”. Los sátrapas orientales son ratas que no han pasado de la fase del pensamiento mágico infantil que considera que sus acciones y pensamientos son la causa de todas las cosas. Son patéticos absolutistas disfrazados de Carnaval de manera permanente. Y lo peor es que se pensaron que podrían someter eternamente al pueblo con sus chiquilladas (y casi lo consiguieron; el dictador de Libia durante cuarenta años). Y lo peor es también el papel de un Occidente que les ha reído las gracias durante muchos años, muchos, casi los que median entre el reparto colonial de estos territorios en el siglo XIX y principios del XX hasta ahora, cuando las cosas parecen estar cambiando. Es hora de que los países del otro lado del Mediterráneo avancen hacia sociedades adultas que sustenten democracias avanzadas de una vez, en beneficio de todo el mundo. Y que las ratas orientales se escondan con sus disfraces carnavalescos en las cloacas de las que nunca debieron salir.