La ruidera

Stop ruido
Stop ruido

Qué ruidera en todas partes. Cuánta falta de silencio. En las clases, en todas partes, en las redes sociales.

– Nieta, a abuelo: ¿Por qué no te gusta la ruidera?

– Abuelo: hija, ¿qué ha pasado en los museos, que antaño eran templos a los que se acudía con veneración y que ahora son objetos de consumo y fondos ideales de esas cosas llamadas selfies? Sois la generación más ego-imagen-céntrica del mundo.

– Abuelo: recuerdo un viejo proverbio  árabe: Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio, no lo digas. Cariño, ¡tanto ruido por todas partes! Conversaciones subidas de decibelios. Tertulias de televisión a todo meter. Cláxones de coche. Uff, y en Navidad: jingle bells a todas horas, efecto cortylandia a lo bestia, y la musiquita esa de Mariah Carey; ¡es que ya ni los villancicos de antes! Ruido, ruido y ruido. Todo el día atronando.

Antes, cuando trabajaba, me pasaba el día hablando y hablando, no te creas. Pero estaba deseando llegar a mi apartamento y, tras tanto y tanto ruido, y tantas y tantas conversaciones, guardar silencio, en exclusiva conversación con mi persona, sin tener que escuchar a nadie. Al cerebro humano le encantan los bucles, así que podía pasar horas enredado conmigo mismo.

– Nieta, a abuelo: ¿Qué te bulle en la cabecita? ¡Habla, hombre, que te vas a ir cualquier día y no te voy a haber conocido!

– Abuelo: venga, va. Coge papel y lápiz. ¡No te vayas a emocionar, que tampoco tengo tanto que contar!

Nivel de ruido

Grito
Grito

¿Sabes, Faktuna? En esta piel de toro la semántica tiene una aplicación difusa: se predican unas palabras, pero se practican las contrarias. Se lee que nos gusta dialogar, aunque en el fondo nos vaya más el monólogo, a veces incluso a gritos. Así no es de extrañar que nuestro nivel de ruido sólo esté por detrás, en todo el mundo, de Japón. Otros escriben y dan su opinión, pero más bien pontifican y sientan cátedra. Hacemos también bromas con cosas que no las tienen. Una de las últimas, por ejemplo, el ataque hacker a la web oficial de la Presidencia española de la Unión Europea, que algunos medios incluso parecen degustar, olvidándose de que estamos ante un asunto que en estos momentos es una cuestión de Estado y que simboliza la imagen del país. ¿Dónde está la gracia de este tema?