Des-orientación

Brújula
Brújula

«Doctora querida, tengo menos credibilidad que una acción de Bankia y menos palabra que un portavoz del gobierno del PP. Me hundo como las cotizaciones bursátiles y estoy más quemado que los puros que se fuma pausada y relajadamente Rajoy en La Moncloa mientras todo arde y se va al carajo a su alrededor. Mi cuerpo atufa y despide un olor a rata como las ratas financierobancarias que nos han llevado a una crisis que el común de los mortales no ha originado, pero que el común de los mortales sufre como una de las siete plagas de Egipto. Mi mente se desmantela al ritmo que se están desguazando servicios públicos, proyectos vitales y grupos de trabajo. Después de esta charleta, tengo, doctora, una mala noticia que darle: me quedan cuatro chavos en la cuenta corriente porque me acaban de finiquitar con la nueva reforma laboral, así que no sé cómo pagar sus, por otra parte, para mí inestimables servicios. No deje de atenderme, porque me quedaré sin brújula a la que encomendar mi norte, que ya no sé si estará en mi sur, en mi este o en mi oeste.»

Horror vacui

Aceitunas rellenas
Aceitunas rellenas

Conocida es la tendencia humana a rellenarlo todo. Un estante en un hogar no es tal si no está lleno de cosas hasta reventar. Cuanto mayor es el bolso, más objetos le metemos dentro. Buscamos coches grandes con grandes maleteros para coparlos por completo de cacharros inservibles. Llenamos nuestros bolsillos de chorradas. Necesitamos trasteros para desprendernos de todas las absurdancias que acumulamos y apenas hemos usado un par de veces. Las aceitunas sin hueso vivían felices hasta que a alguien se les ocurrió rellenarlas de pseudoanchoas, o de pimiento. El afán de que no quede un hueco libre llegó también al arte, con manifestaciones artísticas que no dejan un solo milímetro sin decorar siguiendo las directrices de un estilo que recibe un nombre en latín: horror vacui. Ha habido mucho de horror vacuii en esta crisis que comenzó en 2008. Nuestra sociedad se rellenó hasta los topes de euros estos años de atrás, librados por bancos y banqueros sin escrúpulos que lo inundaron todo de créditos a mansalva. Una inundación de dinero fácil que se volatilizó como el agua, dejándonos desnudos y solos ante el miedo al vacío de esta crisis global.