Verano

Puesta de sol
Puesta de sol
Las vacaciones de verano son un folio en blanco que se escribe con una pluma mojada en agua de mar y en tintas de diversos colores: sandía, melón, albaricoques, melocotones. La hoja con una escritura invisible se deja secar al sol, como las tortas de girasol, las pipas de calabaza o los bacalaos, y su pasta se degusta lentamente, en pequeñas porciones rociadas con un chorro de aceite de oliva y sal gorda, con pereza, al fresco de una terraza o de la orilla de algún lugar con agua. El calor que convierte el cuerpo en un verdadero mar cuya espuma ahuyenta las borrascas, que baja las tensiones y que expulsa los malos humores por el dedo gordo del pie, con sus gotas resbalando, cayendo hacia una nada que cobra todo su sentido. A la vuelta del verano quizá todo siga igual, pero se mantendrá la ilusión del folio por escribir. O no. Felices vacaciones.

Días de hogueras

Hogueras
Hogueras

21 de junio, solsticio de verano: los aficionados a la astronomía explican que «la Tierra en su movimiento alrededor del Sol experimenta una ligera inclinación en su eje de rotación, que ocasiona una diferencia en la cantidad de irradiación de la luz solar en su superficie. Con un ángulo de 23 grados y 27 minutos el hemisferio norte obtiene este día el mayor número de horas de luz solar», o sea, que afrontamos el día más largo del año, y la noche más breve, y comienza de manera oficial del verano (a las 13:28 de hoy), que promete ser uno de los más calurosos de los últimos tiempos. Arranca una semana en la que se suceden también las celebraciones de la noche de San Juan, tachonadas de hogueras en numerosos puntos de la piel de toro, desde Levante hasta Galicia (San Xoan), con jóvenes y no tan jóvenes saltando por encima de las brasas. ¡Ponga una hoguera en su vida! Llamas para quemar lo viejo, espantar los malos espíritus que tanto abundan, purificar y dar paso a la nueva esperanza de la luz y el calor. ¿Tiene lumbre?

Análisis anual

Musgo
Musgo

«Sus análisis, doctora, me desconciertan. Una vez al año vengo a verla con mi bote de orina, para la revisión anual. Aparte me pinchan y sacan sangre, y luego me someten a otros ingeniosos aparatos que arrojan extraños gráficos y caprichosas lecturas que sólo ustedes, los médicos, entienden. Buscan en mi organismo la presencia de posibles rastros de enfermedades; de huellas del vicio, vaya. ¿Y no podrían buscar ustedes alguna virtud entre tanto mal? Me hacen sentir como un trasto viejo herrumbroso y lleno de óxido, que sólo reverdece si el rocío le deja algún resto de musgo. El agua de la lluvia le viene muy bien a mi cutis; y el sol me reconforta la epidermis; pero no sé si estos aportes aparecen en los análisis del bote de orina; es que nunca me indican nada al respecto, así que espero que esta vez me comente algo, porque me he gastado unos dineros en darme baños de sol y rocío, lo último en spas. Ya me dirá.»