Reina Juana

La estatua de Juana I, en Tordesillas
La estatua de Juana I

Una estatua solitaria recuerda la figura de Juana I de Castilla en la ciudad vallisoletana de Tordesillas, a orillas del Duero, donde murió en 1555 después de decenas de años de presidio en vida. La motejaron como “la loca” y así pasó a la historia. No son pocos los historiadores que la han intentado liberar de ese dudoso honor. Varios estudios extienden sospechas sobre el papel que jugaron su propio padre, Fernando el Católico, y su propio hijo, Carlos I, para urdir bulos sobre su salud mental con tal de tenerla apartada del poder. Mi castellana favorita, que bien la quiere, me advierte, con mucha razón, de que la historia de este país podría haber cambiado para siempre si Juana hubiera aceptado ponerse al frente de la causa comunera. Es historia ficción, pero, ¿qué podría haber pasado? Tal vez España no se habría embarcado en costosísimas aventuras imperiales que arruinaron el país y los reinos sobre los que se sustentaba la entonces incipiente nación. No lo sabremos nunca. Juana dio lugar a cuadros, películas y piezas teatrales, quién se lo iba a decir. La actriz Concha Velasco le dio vida no hace mucho en una memorable Reina Juana, y la conmovedora interpretación de aquella mujer sin duda atormentada y apasionada fue un bello homenaje a una figura histórica que, como tantas otras, no ha sido bien tratada, como bien prueba el apodo que la acompaña, en el imaginario colectivo de este país tan desmemoriado.

Los pies en la cabeza

Celo
Celo

La vida, que parece tan ordenada si se ve a primera vista desde la ventanilla de un avión, es un conjunto de retales malpegados con celofán. El mismo celo del que consumo infinitos rollos para pegar los forros de plástico de los libros del cole de mi hija. El mismo rollo que hacían nuestros padres cuando éramos nosotros los críos (aunque tiene un punto de rito entrañable, ¿verdad?). Los críos que ayer vivíamos en pisos de barrio diminutos, y que hoy seguimos viviendo en pisos diminutos, con una diferencia: unas gigantescas hipotecas que lastran nuestro país (la deuda privada equivale, según algunas fuentes, al 250 del PIB nacional). Hipotecas por las nubes y precio de los hogares por los suelos. Los suelos por los que los unos animales que se presumen racionales volvieron a arrastrar ayer, martes y 13, al toro de la Vega (es una tradición, se defienden; también la ablación del clítoris es otra tradición en algunas latitudes, por ejemplo; una barbaridad es una barbaridad). El celo con su superficie pegajosa que la vida va enredando entre los dedos, sin que haya manera de librarse de él. La vida que mi hija aprenderá en el patio del cole y en los libros de texto que todavía no le he terminado de forrar.

Tradiciones aberrantes

Toro de la Vega
Toro de la Vega

Hoy se celebra en Tordesillas la aberrante tradición del Toro de la Vega, en la que un animal es acuchillado salvajemente hasta morir, perseguido por una turba de personas armadas con lanzas. Ocurre todos los años por esta fecha y tiñe de sangre los campos de esta, por otra parte, bellísima ciudad vallisoletana. En esta ocasión, está circulando por Internet un manifiesto para pedir la abolición de esta fiesta, que ya han firmado personalidades como Maribel Verdú, Antonio Muñoz Molina, Elvira Lindo o Rosa Montero, por entender que “el Toro de la Vega representa, únicamente, una tortura pública” y rechazar que  “en España se entienda como cultura la humillación y tortura de un ser vivo, que se llame arte a un derramamiento de sangre”. Menudo festejo.