Vida sintética

El comecocos
El comecocos

Dicen estos días los papeles que los científicos han logrado crear vida artificial, en forma de una célula sintética elaborada a partir de una bacteria que causa infecciones en el tracto respiratorio humano. La han bautizado, aunque no haya habido por lo que se ve intervención divina, como Mycoplasma mycoides JCVI-syn1.0. No proviene de ninguna reproducción previa, aunque en sí misma tenga nombre de reproductor de DVD o Blu-ray, sino de una fría probeta. No se sabe qué será de mayor, pero se le augura un fulgurante porvenir. Quién sabe si de esta célula de momento poco humana podrán nacer en el futuro seres complejos, como jueces, bomberos o controladores aéreos. El alumbramiento de Mycoplasma mycoides JCVI-syn1.0 ha querido coincidir en estos días inciertos con el aniversario de otra célula informática, nacida en los 80, que nos animó muchos ratos de bar a los chavales de aquellos tiempos (no había entonces consolas de videojuegos, no): el comecocos o pacman en su nombre en inglés, que cumple treinta años. Era ésta una célula de comportamiento bastante similar al de cualquier ser humano: deambulaba como enloquecida por pasillos cerrados, no veía más allá de su nariz y ganaba puntos a base de comerse a los demás cuando era necesario. Qué nostalgia.

Mujeres valientes

Luz Casal
Luz Casal

Me ha impresionado profundamente la entereza y naturalidad con la que Luz Casal anunció este lunes que padece un nuevo cáncer de mama, tras haber superado un tumor similar hace pocos años. Lo hizo a través de su página web, sin esconderlo: «Me dirijo a vosotros para deciros que en mi última revisión me han detectado un cáncer en el otro seno; mis doctores han decidido operarme, por lo que hemos aplazado nuestras citas más inmediatas. Os informaremos lo antes posible. Sé que cuento con vuestro cariño y paciencia, estoy en buenas manos y esto es sólo una cornada de la que saldré pronto. Os quiero. Luz». Siento un gran aprecio hacia esta cantante, con una de las voces más singulares y llenas de fuerza de la península, un punto grave y un deje galaico, tan atractiva a los oídos de quien la escucha. Luz estaba de gira de un nuevo disco, La Pasión -que todavía no he podido escuchar-, y firmó también no hace mucho una estupenda versión de Entre las cejas en el reciente disco de homenaje a los Leño de su gran amigo Rosendo Mercado, una canción que no me canso de escuchar. Es una mujer valiente y seguro que pronto estará de nuevo en los escenarios. Como también saldrá adelante otra mujer muy cercana a mí, también en una permanente guardia contra un cáncer desde hace mucho tiempo, sin dar un minuto de tregua a la tristeza, y sí horas a la alegría, a la entrega y a la valentía, para seguir viviendo en compañía de quienes la amamos. Ambas son mujeres corajudas, que nos hacen sentirnos muy pequeños ante su grandeza de alma.

Caras A y B

Vinilo
Vinilo

En la vida nos vamos definiendo por lo que hacemos, y por lo que dejamos de hacer. Tenemos, como los vinilos de antes -ahora felizmente de moda de nuevo- cara A y cara B. En la A se va reflejando lo que hicimos, y los que nos queda por hacer antes de que se nos agote el tiempo y el contador llegue a su fin. En la B se almacenan decisiones que no tomamos: el novi@ que no tuvimos; el beso que no dimos a tiempo; la carrera que no nos atrevimos a hacer; el tren que dejamos pasar. Hay gentes incluso con cara C: seres terribles con muchas cosas que ocultar (aunque aquí viene al pelo una cita del escritor norteamericano Mark Twain: Every one is a moon: has a dark side which he never shows to anybody / Cada uno es una luna: tiene una cara oculta que nunca muestra a nadie). Poner en el giradiscos siempre la cara B, aunque no está mal recordarla a pequeñas dosis, conduce a la melancolía, que tiene su punto de amarga dulzura si no se abusa de ella. De la cara C de algunos de nuestros semejantes (o mejor, de nuestros repugnantes) mejor no hablar, porque se pueden reventar los altavoces. Así que me quedo con la cara A de la existencia: lo que nos queda por hacer, con un poco de arrojo y valentía; aún falta mucho tiempo para que la aguja llegue al final de los microsurcos del vinilo, si bien los surcos de la realidad ya se van marcando en nuestros rostros a estas alturas de la audición. ¡Carpe diem!