Estupor

Metrobús
Metrobús

Un señor dice ser consejero de Transportes de la Comunidad de Madrid y resulta que no conoce uno de los billetes más populares de transporte público, el metrobús; incluso niega su existencia a pesar de existir desde hace trece años. Bueno, uno de los billetes más populares hasta que su partido decidió incrementar su coste en nada más y menos que un 21% (lo subieron hace poco más de un año de 7,40 a 9,30 euros, de golpe y porrazo). Quedan claras, de entrada, dos cosas: a) este ínclito ciudadano no se apea del coche oficial y b) será consejero de transportes privados, porque de lo público no tiene mucha idea. Mientras el señor José Ignacio Echeverría perpetraba semejante gracieta tras ser interpelado por un parlamentario del PSOE, sus alegres compañeros/as de bancada conservadora le aplaudían con fruición; al frente de la claque se puso la misma presidenta de la CAM, Esperanza Aguirre. Todo el bando pop(ular) hizo grandes alharacas mientras el consejero se regodeaba: el metrobús «no existe», insistía. De esto se desprende que estos señores/as posiblemente tampoco tengan demasiado clara la existencia de otras dotaciones públicas como los hospitales o los colegios, y ello explica el placer que experimentan con su desmantelamiento. Estos señores/as del PP de Madrid parecen, a la postre, miembros del consejo de administración de una gran corporación: ellos se lo guisan, ellos se lo comen y a usted y a mí nos dejan las migajas y nos quitan hasta el metrobús. Usted verá, pero yo desde luego no les votaría el 22-M.

Kleenex Generation

Rubén Blades
Rubén Blades

«No salgo de la consulta, doctora, y me va a tener que hacer usted una habitación junto a su despacho, para estos cada vez más frecuentes encuentros. Hay una cosa que me atormenta. Vivimos en una sociedad tan llena de envoltorios que no es de extrañar la cantidad de residuos que generamos. Todo es plástico y más plástico, como cantaba Rubén Blades en aquella canción tan pegadiza de fondo y de forma. Que te compras unas magdalenas, pues vienen cada una envuelta en plástico. Que te molan los plátanos de Canarias, pues toma plástico y bandeja. Todo para tirarlo todo en cuanto se consume. Plástico y más plástico. Todo de usar y tirar. Todo desechable. Kleenex Generation. Lo peor son las gentes que convierten en plástico los afectos y también los usan y los tiran; esos son los seres más despreciables, mucho más despreciables que el plástico que lo envuelve todo y que tarda tanto tiempo en reciclarse. ¿Cómo podíamos vivir antes sin él? Temo, doctora, que una buena mañana salga del portal y me recubra una capa de plástico: ¡vivan la asepsia y la profilaxis!»

Cóctel de realidades

Algo
Algo

«Doctora querida. Si la realidad analógica, que es en la que creo haber vivido durante buena parte de mi modesta existencia, ya me parecía tan embrollada en muchas ocasiones, ahora el cacao mental se multiplica con las nuevas realidades digitales. La ebullición que solía dispararse en mi mente simplemente por la exposición al mundo analógico sube de grados y de temperatura con estos flamantes mundos virtuales que me/nos desbordan por doquier.
Es todo tan inabarcable, tan inasible, tan incomprensible, tan ingobernable. Estamos en medio de una revolución para la que no tenemos respuestas, y por la cara que me pone, doctora, sé que usted tampoco las tiene. Morimos más ignorantes de lo que nacemos…»