Canguro (¿Campsguro?)

Canguro
Canguro

El origen de la palabra «canguro» es incierto. Hay una leyenda que cuenta que el explorador británico James Cook llegó a la costa australiana allá a finales del siglo XVIII y se encontró con este extraño ser brincador. Le preguntó a un lugareño por el nombre de aquel animal inédito a sus ojos occidentales. El lugareño le contestó, en su idioma salvaje, «gangurro», y Cook escribió «kangaroo». Sostiene esta leyenda que «gangurro» no era en realidad el nombre del animal, sino la frase aborigen «no le entiendo», «no sé lo que me está preguntando». Pero ahí quedó la cosa. Si Cook llegara hoy a la costa valenciana, todavía a comienzos del sigo XXI, se encontraría con un tipo llamado ¿Campsguro? que no paraba de dar saltos, embutido en cómodos trajes hechos a medida para que las costuras no dificultaran sus alocados movimientos. Entendérsele no es que se le entienda demasiado, aunque entre su progenie gurteliana se entienden bastante bien entre ellos. Fuera como fuera, este canguro levantino acaba de dar un salto hacia atrás tras su último número de ayer, y sin duda la democracia ha dado un salto hacia adelante. El circo de la Gürtel seguirá brindando alegres espectáculos.

Camps, dimita ya

Camps
Camps

En una democracia avanzada, como la británica, el primer ministro va a comparecer hoy en el Parlamento para dar su versión de los hechos sobre el escandaloso caso de las escuchas ilegales del extinto diario News of the World del grupo Murdoch (al que por cierto presta sus servicios nuestro JM Aznar). En una democracia menos avanzada, como la nuestra, hay un presidente autonómico que está a punto de sentarse en el banquillo de los acusados por un flagrante caso de corrupción, sin que de momento haya noticias de que haya presentado su dimisión, que es lo que tendría que hacer -y si no lo hace él, su partido debería obligarle sin demorarse un segundo-. A todo esto, sus superiores jerárquicos (empezando por Rajoy, que opta nada menos que a ser primer ministro de España) siguen sin dar una explicación sobre el particular. Si quieres recordarle a Camps cómo deberían funcionar las cosas en una democracia avanzada, firma esta petición de Avaaz para que se vaya a su casa.

Mejor sugerir que ver

Fernando Fernán Gómez
Fernán Gómez

Qué buena idea la de recordar la infausta fecha del 18 de julio de 1936, que dio comienzo a la Guerra Civil, con la puesta en escena / puesta en antena de una obra clásica de Fernando Fernán Gómez, Las bicicletas son para el verano. Lo hizo la SER ayer por la tarde en una edición especial de su magazine La Ventana. Durante hora y media de teatro en el aire, de teatro a través de las ondas, de representación que no se ve, pero que se sugiere, se narró a través de voces que cobran rostro el impacto de la contienda en la hasta entonces apacible vida de una familia madrileña de clase media que se ve abocada a un pavoroso conflicto que anegó en sombras la vida de España durante cuarenta años. Un emocionante radioteatro para describir la España de finales de los años 30, que saltó por los aires con la sublevación fascista contra el Gobierno legítimo y el triunfo del bando franquista y de la dictadura posterior («No ha llegado la paz, ha llegado la victoria», afirma uno de los protagonistas en una sentencia lapidaria al finalizar la pieza). Teatro en las ondas caído en desuso desde los 70, cuando empezó a imponerse la supremacía de lo visual; teatro que sugiere y que, aunque no se vea, fragua en la mente una catarata de imágenes sobre el ayer en blanco y negro de España.