Sintaxis y profilaxis

Palabras
Palabras

En el colegio enseñan, o enseñaban, sintaxis. En casa enseñan, o enseñaban, profilaxis. En plata: hablar bien y hablar educadamente, vaya. Sintaxis y profilaxis en el manejo de las palabras, que son las que almohadillan el mundo que nos rodea. Sintaxis para hacer oraciones gramaticalmente perfectas, que expresen mi mundo y me permitan hacerme entender ante el mundo de otro. Profilaxis para que nuestras oraciones mantengan su sentido piadoso y no hieran a los demás. De igual modo que somos, o solíamos ser, extraordinariamente pulcros con lo que nos llevamos a la boca, que se limpia primero bajo el chorro del agua del grifo, deberíamos serlo también con lo que sale de ella: que tus palabras no hiedan ni hieran innecesariamente al que tienen enfrente. Que también pases bajo el chorro del agua del grifo de alguna fuente de tu mente lo que vas a decir antes de que atraviese tus labios. Pero, no sé, siento que cada vez se están perdiendo ambos mandamientos: que cada vez a un mayor número de gente le da lo mismo la construcción de sus frases, y que también les trae el pairo que las palabras que salen de su boca se conviertan en dardos malolientes.Ni sintaxis, ni profilaxis.

Tulipanes espectrales

Tulipanes
Tulipanes

«En la tele del Metro de Madrid que me llevaba al trabajo decían el otro día que para descansar bien por la noche no hay que consumir productos excitantes en los momentos previos, no hacer ejercicio antes de dormir e irse a la cama con la mente limpia. Yo, doctora, que soy fiel seguidor de todos los consejos de salud por mi naturaleza hiponcondriaca, sigo al dedillo estas recomendaciones. Pero no por ello en estos tiempos de crisis brutal dejo de tener pesadillas sobre el presente y el futuro, que quiebran mi ser, de natural optimista. Esta pasada noche soñé que dormía en una especie de vitrina de cristal, a ras de suelo, desde la que veía un campo de tulipanes entre cuyos colores sobresalían unos seres espectrales, y me desperté sobresaltado, porque aquello parecía un camposanto. Me pregunto, doctora, si todos los especuladores que están haciendo caja con los jirones del euro, que seguro que consumirán todo tipo de productos excitantes, harán ejercicios compulsivos antes de irse a la piltra y tendrán la mente sucia pensando en un chorro de dinero que les cae sin cesar con sus siniestros juegos malabares, que están arruinando a sociedades enteras, dormirá a pierna suelta y roncando sin parar. Y no hace falta ser un genio, doctora, para temer que sí que lo harán.»