No nos den más sustos

Él apoya a Barack
Él apoya a Barack

El próximo martes 6 hay elecciones en los States, y yo no quiero más sustos, que ya me llevé unos cuantos. Yo apoyo a Barack Obama, que, con sus más y sus menos, me parece el más presentable y el más próximo a la cosa socialdemócrata europea en la que creemos algunos. A mí su oponente, el republicano Romney, me da miedo y/o acojona, así que conmigo que no cuente. Yo, con Barack, por cuestiones políticas, éticas y estéticas. Oigan, y cómo se curran las campañas los democrats. Yo me apunté hace como tres o cuatro años a la lista de distribución de correos del Partido Demócrata, y no hay día que no me escriban con sus cositas y, ¡ay!, sus vídeos tan molones. Me mandan correos personalizados diarios (a mí y a los millones de personas que deben de figurar en su mailing, tampoco me voy a creer yo especial, que yo no pinto ná), ya sean escritos por Barack, o por Michelle, o por Biden, o por sus responsables de campaña (el Comité Electoral, que diríamos por estos lares), o por grandes figuras demócratas. Mensajes por doquier, para remarcar que entre demócratas y republicanos sí hay diferencia, que lo de Romney es una incógnita y que Obama es lo que mejor nos viene a tod@s. Es curioso, porque al apuntarme a la lista de correo hace años tuve que elegir una ubicación de un Estado norteamericano (no vale decir que vivo en Madrid), y elegí Carolina del Norte por poner algo, que, mira tú por dónde, es donde acaba de trasladarse mi hermano pequeño. Casualidades de la vida. Eduardo, si me lees y me quieres un poquito, haz algo para impulsar la causa en North Carolina, que yo no puedo estar allá y tú eres un tipo trabajador, progresista y echao palante. En el mundo global, Edu, tú sabes bien que el aleteo de una mariposa en tu ciudad de Asheville puede desencandenar una inundación a orilla del Manzanares, do yo resido, así que haz algo por Barack. Gracias y kisses, bro.

Las prioridades de cada cual

Doris Lessing
Doris Lessing

En esta mañana meona en el Foro, por lluviosa, releía la introducción a El cuaderno dorado, de la novelista Doris Lessing. Hay una parte en la que Lessing habla de los sistemas educativos que moldean a nuestros hijos que me ha interesado de manera especial: «Desde el principio, se entrena al niño a pensar así: siempre en términos de comparación, de éxito y de fracaso. Es un sistema de desbroce: el débil se desanima y cae. Un sistema destinado a producir unos pocos vencedores siempre compitiendo entre sí. Según mi parecer (…), el talento que tiene cada niño, prescindiendo de su coeficiente intelectual, puede permanecer con él toda su vida, para enriquecerle a él y a cualquier otro, si esos talentos no fueran considerados mercancías con valor en un juego de apuestas al éxito». Son palabras escritas en 1971, pero siguen teniendo vigencia, porque cuando uno tiene hijos, como es mi caso, se plantea el papel que juega la escuela en su formación, y muchas cosas no han cambiado. Pero no es solo la escuela la que tiene culpa en esta concepción de la educación: en esta sociedad ultracompetitiva son muchos los padres que ven a su hijo también como un caballo de carreras, como un prototipo de bólido en el que verse ellos realizados y ver realizado lo que no pudieron hacer, destinados solo a competir y a ganar, lo que en ocasiones acaba produciendo en las pobres criaturas unas tensiones terroríficas. Yo, para mi hija, quiero que siga creciendo libre, autónoma y feliz, y que aprenda a ser independiente y a valerse por sí misma desarrollando su inteligencia (y más siendo niña, teniendo en cuenta que, por el hecho de ser mujer, quizá tenga que afrontar situaciones de discriminación que no afecten a un niño); que llegue tan lejos como pueda y quiera, sin pisotear a nadie por el camino. Cuando pasen unos pocos años, le pasaré El cuaderno dorado a Estrella  para que le eche un ojo (aunque creo que, más bien, será ella quien lo coja del estante).

De todos, menos de Franco

Velas
Velas

MI hija Estrella, impulsora de este cuaderno, es una fuente permanente de inspiración para mí. Sus reflexiones, sus ocurrencias, las maneras en las que va descubriendo el mundo desde esa atalaya despierta que es su cerebro de siete años, me motivan y me animan a seguir mirando alrededor. Estrella me contó que participó el miércoles, día previo al Todos los Santos de antes (ahora llamado Halloween), en una especie de rito laico en el cole público al que asiste, consistente en encender una vela en su clase por todos los que nos han precedido, por los seres que se fueron. Estrella no sabe mucho de la historia de España, pero algo sabe ya. Entre quienes nos precedieron en la piel de toro ha habido mucho maleante en forma de militarote reaccionario, rey atolondrado y cura cerril: estos tipos han campado por sus anchas en los siglos precedentes. En la base ha habido también mucha gente noble, abnegada y trabajadora, como su abuela Feli. Así que Estrella me contó que, cuando encendieron la vela, ella se acordó de su abuela y de otras personas que se fueron. «Nos acordamos de todos los muertos, papi, menos de Franco», me confesó muy seria mi niña, que a su edad se define como feminista y de izquierdas. Estrella dice que prefiere Halloween a la Navidad porque la segunda fiesta la ve muy «de cursis», salvo los episodios que protagonizan Papá Noel y los Reyes Magos, claro, que tonta no es.