Viento en las velas para el 19

2019
El 19 ya está aquí. ¡Feliz año!

Nos venden la Navidad y estas fiestas de fin de año con tal intensidad que parece que no fuera a haber un mañana, que el mundo se acabará en un suspiro y que hay que aprovechar estos últimos momentos de la existencia a tope y sin reparar en nada. Pero ya sabemos que es todo un artificio y que, tan pronto como se disipe la espuma del cava y se recojan los restos de cotillón, la rutina volverá a hacer acto de presencia y seguiremos atados a nuestra existencia, con sus miserias y sus grandezas.

Se barrunta que 2019 va a ser un año intenso, en lo político, en lo económico y en lo social. En lo político, con al menos tres citas electorales (autonómicas, municipales y europeas), en las que se decidirá el futuro de las instituciones en esos niveles, con el eje izquierda / derecha más marcado que nunca por el ascenso de los nuevos populismos. En lo económico, con una desaceleración económica en ciernes, cuando aún no nos hemos recuperado de los estragos de la gran recesión de 2008. Y en lo social, con una sociedad sometida a mil convulsiones, con modelos que ya no sirven, y que es objeto de una plena transformación merced, entre otras cuestiones, a unas nuevas tecnologías cuyo impacto nadie sabe hasta dónde va a llegar.

Así que cuando faltan pocas horas para que acabe este año 18 que ha sido tan singular, no quiero dejar de desearle todo lo mejor a quien lea estas letras para el nuevo año. Que tus velas se inflen con vientos favorables, y que así te lleven donde tú desees. Que no hagas daño, ni te lo hagan. Que te conduzcas con sabiduría, valor, justicia, amabilidad, templanza y moderación. Recuerda la fugacidad de la vida. Ama el momento e intenta sacar provecho y conocimiento de todo lo que te ocurra. Amor fati. Memento mori. Hic et nunc. ¡Feliz año 19!

¡Viva la Constitución!

Homenaje a la Constitución
Homenaje a la Constitución en el Congreso

De adolescente, en los entonces BUP y COU que solo recordamos las gentes que tenemos ya una edad, tuvimos una profesora de Historia dotada de una capacidad pedagógica que apenas volví a conocer de nadie en esta materia. Nos enseñó la evolución de la historia de este país nuestro de manera comprensiva, sistemática y con las luces largas. No recuerdo bien su nombre, pero sí me acuerdo de la manera en que condensaba lo que debíamos aprender mediante esquemas que aprendí a hacer con ella y que aún recuerdo, porque en apenas unos cuadros sintetizaba las idas y venidas de la historia con una claridad meridiana.

Había un esquema de aquellos tiempos que me gustaba mucho: compilaba la evolución de las constituciones españolas, desde la de 1812 a la de 1978 que rige en la actualidad. Muchas de estas leyes fundamentales respondieron a revoluciones y a cambios profundos de la historia atribulada de la piel de toro, escrita en campos de batalla entre reinos y reinos, entre hermanos y hermanos.

Pero yo creo que la constitución verdaderamente revolucionaria fue la de 1978, por cuanto que sentó alrededor de una mesa a políticos de diferente signo, de la izquierda -mi izquierda-, a la derecha, todos unidos por un empeño: dejar atrás los cuarenta años de plomo de la dictadura franquista y construir, sobre los cimientos del consenso y del acuerdo, un edificio en el que todos tuviéramos cabida, que dejara el paso cerrado para siempre a los enfrentamientos cainitas, que abriera puertas y ventanas a la modernidad, a la consolidación del Estado del Bienestar y a Europa.

Cuarenta años más tarde, en un momento en el que las etiquetas ideológicas están en plena transformación y cambio, hay una línea que sí que sigue plenamente vigente: la de la defensa de la Constitución y de su pleno desarrollo. A este lado de la línea podemos caber todos los que estemos con la tolerancia, el diálogo, la moderación y la palabra; los intolerantes no pueden caber aquí. ¡Viva la Constitución!

Un volcán bajo los cimientos

Techo del hemiciclo
Techo del hemiciclo

Hoy un diputado ha insultado gravemente a un ministro del Gobierno de España, disparando en el hemiciclo una tensión insoportable. ¿Ha reparado este diputado en la imagen pública que actitudes como la suya producen, minando por completo la confianza de los ciudadanos en la política? ¿Le importa algo? En otras ocasiones son otros los que vierten sus porquerías. Deberían sobrar los exabruptos y las palabras gruesas en el que algunos llaman templo de la palabra. Porque la imagen que se traslada a la sociedad es penosa, porque se alimenta un caldo de cultivo ideal para para la propagación de populismos y extremismos.

He escrito muchas veces que la política interesa y es noticia cuando es escándalo y es bronca. Los medios también tendrían que reflexionar. Porque no es normal que el debate de esta mañana en los mentideros mediáticos fuera si hubo escupitajo o no al ministro Borrell.

En el solar que ocupa el Congreso de los Diputados había un monasterio, el convento del Espíritu Santo. Hoy parece, más bien, que bajo esos cimientos se esconde un volcán de lava ardiente cuyas fumarolas tapan todo el trabajo que se lleva a cabo en esta Cámara en beneficio de la sociedad a la que se debe y que es fuente de su legitimidad.