La mirada

Mirada
Mirada

«Venimos al mundo, doctora, desde la oscuridad a la luz y necesitamos calor desde nuestro primer berrido, desde que lo brazos de nuestra madre nos acogen y nos calman. Somos seres sociales, aunque las relaciones sociales sean tan complicadas y fuente de tantos quebraderos de cabeza, doctora, usted lo sabe mejor que nadie. Evitada la gente tóxica, espantada la gente chunga, descontados los indeseables, quedan muy pocas personas. Porque consuela en tiempos de zozobra, en esta época incierta y de futuro por escribir, encontrar la palmada de alguien en el hombro, los dedos de otra persona que se entrelazan en los tuyos por el mero gusto de hacerlo, los ojos de los seres que quieres y que no tienes que buscar, porque son esos ojos los que se topan contigo y siempre están ahí como faros en la noche para evitar que nos demos de cabeza con la escollera. La mirada, las miradas de las pocas personas que en verdad uno tiene cerca, de algunas que también se fueron, que son una luz entre las tiniebas y que iluminan mi mundo y el pequeño mundo de cada cual. En esta era de la rapidez, de las prisas, del vistazo, yo valoro la mirada. Las miradas que te muestran el camino y que te anclan la cabeza para evitar que eche a rodar; las miradas que no quiero perder de vista. Son estas pequeñas cosas las que hacen grande la existencia.»

Alfanumérico

Neón alfanumérico
Neón alfanumérico

«Y, doctora, si un día me pego un golpe en la cabeza y se me borran todas las claves, ¿qué pasaría, cómo recuperaría mi vida? Todo lo que he sido y me queda por ser. Las claves, pines, passwords, contraseñas para consultar los correos electrónicos, entrar en el ordenador, llamar por teléfono, hacer compras online a proveedores diversos, repasar movimientos bancarios, editar productos electrónicos varios, comprobar mis identidades digitales… Los seres humanos de estas alturas del milenio en Occidente tenemos la mente llena de extrañas combinaciones alfanuméricas que creemos que nos procuran la felicidad, aunque a veces internarse en los mundos a que dan paso estos salvoconductos digitales trae más quebraderos de cabeza que otra cosa. Pienso, doctora, en otras partes del mundo y en otras gentes que no tengan la cabeza tan pobladas de claves, y pienso si no serán más felices con menos ecosistemas alfanuméricos en el cerebro, pero teniendo a cambio las claves para plantar un árbol, cocer un pan o cuidar un gorrino. Las passwords con las que creeemos tener dominados a los cacharros electrónicos, ¿no serán en realidad un invento de esos mismos cacharros electrónicos para tenernos domesticados a nosotr@s? ¡Reprográmeme, doctora!»

Susto o muerte

Halloween
Halloween

«Menudo susto tengo en el cuerpo, doctora. Me he levantado congestionado y con un sudor frío empapando mis sienes. He soñado que un tipo siniestro con aspecto de manostijeras recortaba todos los derechos sociales desde el poder, al grito de «el que quiera educación o sanidad, que se lo pague; y el que no pueda, que le den; mala suerte, que la vida está muy cara y hay que meter mano a estas minucias si queremos crecer». Con una mano podaba, con la otra sostenía un puro humeante, sin inmutarse. Mi mente calenturienta dejó entrever una alcaldesa de Madrid consagrada a organizar procesiones y romerías en ambas orillas de Madrid Río, dedicadas a exaltar a su santo esposo, entronizado como nueva deidad. Porque parece ser que en mi pesadilla el actual alcalde habría saltado a un ministerio desde el que se afanará por seguir dando pasos hacia la Presidencia que siempre ha ansiado. Y luego también vi a otra política que confundía un cuentacuentos de un colegio con una especie de horroroso maltrato infantil. También aparecía otra mala malísima señora que… Y unos directivos de bancos enfundados en un disfraz sangriento de bonus que… Esto es todo por la influencia de Halloween, ¿verdad, doctora?»