Una habitación propia

Dragón
Dragón

Mi hija Estrella está manos a la obra con un proceso de «deshacer lo invisible», dice ella para explicarse, o de hacer visible lo invisible, para que nos entendamos. Se refiere a que está plasmando en imágenes lo que hasta ahora solo existía en su imaginación de chiquilla despierta. Los Reyes Magos, tan majos, le han traído, entre otros presentes, unas imágenes adhesivas de monstruos inocentes y dragones naif con las que decorar las paredes de su cuarto, y ella anda pegando con ayuda de los mayores las grandes pegatinas sobre los muros, con toda la ilusión del mundo. Por fin ve sobre las paredes de su habitación, proyectados, los mundos que tanto le gustan, y que existen en verdad para ella porque ella desea que existan. La ilusión y las esperanzas son el motor de nuestra vida; si se pierden, las paredes se tornan mustias y descoloridas, al tiempo que nuestras vidas se vuelven lacias como una planta que no recibe los rayos del sol. La búsqueda de un cuarto propio, de un lugar en el que sentirse uno reconocido y protegido como está haciendo ahora mi niña, no cesa en toda la vida.

Historias por contar

Copo
Copo

La vida la van marcando los espacios en los que se desarrolla. Cuando eres canijo coincides con los familiares, los cercanos y los lejanos, de cuando en cuando, en eventos BBC (Bodas, Bautizos y Comuniones). Luego se centra uno en su propia existencia: emparejamientos y descendencia. Cuando pasa un poco más de tiempo te enteras de que tal o cual pareja de amigos y conocidos se separó o se divorció (ya no hay celebraciones). Y a partir de los 40, por puro reloj biológico, constatas con sufrimiento que la vida va en serio cuando las personas que te han precedido en el camino, los padres y madres propios y de amigos y conocidos, van desapareciendo. Hablo de la silenciosa muerte de los españoles y españolas nacidos en la década de los 30 del pasado siglo, que sufrieron la llegada de la Guerra Civil, la propia contienda y el atroz franquismo. Gentes humildes que vinieron a trabajar a la gran ciudad (o tuvieron que emigrar allende nuestras fronteras), desde La Mancha, Andalucía, Castilla, Galicia, Extremadura… Que nos criaron aquí a nosotr@s, los niños y niñas del baby boom de los 60, y sostuvieron sobre sus hombros todo el peso del país en años de plomo. Buenas gentes que en muchos casos nunca han sido suficientemente valoradas (¿estará alguien escribiendo su historia?). Están marchándose, muriendo poco a poco, haciendo mutis por el foro tan mansamente como vivieron, cayendo como copos de nieve sobre un campo de Castilla en un frío día de invierno. A todos ell@s vaya mi modesto homenaje, mi gratitud y mi reconocimiento.

Ignorancia del árbol

Árbol
Árbol

Siendo como somos una evolución de los monos que en su momento bajaron de las ramas, no deja de ser paradójico el olvido urbanita contemporáneo hacia la identidad de lo que nos sustentó: el árbol. Esto es, ¿quién de ustedes es capaz de distinguir un fresno de un aliso, un roble melojo de un carballo? Los habitantes de la ciudad vivimos de espaldas a la naturaleza, que solo queda bien como fondo de las fotos de postal que nos gusta hacer. Pero la mayoría lo ignoramos todo sobre la vida de las plantas, lo cual no deja de ser sangrante en un país con tanta presencia del campo como es España. Yo reconozco mi gran ignorancia, y me avergüenzo de esta incultura arborícola que no sé si se reparará para las generaciones venideras mediante la inclusión de tratados para plantas en los manuales de Conocimiento del Medio («Cono», como dicen los niñ@s). Vean lo que ocurre durante estos días festivos con las cosas verdes que imitan a los árboles de la naturaleza y que colocamos en distintas peanas en nuestros comedores. Compramos abetos plasticosos fabricados a mansalva en China para evitar que se talen los abetos de verdad, sin que nos importen las condiciones laborales de porquería en las que se fabrica el susodicho abeto. No se talan árboles de verdad, pero estamos contribuyendo a que se talen derechos laborales y sociales en China, a que se levanten vidas falsas y modelos socioeconómicos trucados en Oriente que luego se pretenderán imponer en Occidente (al tiempo). En vez de la pescadilla que se muerde la cola, el abeto que se muerde la cola. Al final está todo relacionado por la ignorancia.