Preguntas de país

Toro de Osborne
Toro de Osborne

Me han hecho en varias ocasiones encuestas por teléfono. En varias ocasiones. Sobre hábitos de consumo. Acerca de cuestiones profesionales. Creo que nunca me he sometido a un sondeo político. Tampoco me ha tocado hasta ahora responder a algunas hipotéticas preguntas dentro de un nada hipotético estudio demoscópico que podría denominarse Corruptelas cotidianas: usos y costumbres en la piel de toro: ¿Cuántas veces en España, a la hora de ir a encargar alguna reparación, le han preguntado si quería la factura con IVA o sin IVA?, ¿cuántas veces le han planteado, cuando ha querido comprar un piso de segunda mano, que tendría que pagar un tanto del importe en dinero negro?, ¿cuántas veces, cuando le han ofrecido un trabajo, le han planteado que una parte del sueldo se completa con un sobrecito en B?, ¿cuánta gente conoce que considera que pagar de impuestos es de idiotas?, ¿a cuánta gente conoce que trabaja en la economía sumergida en este país? Y unas penúltimas cuestiones: ¿Cuánta gente plantea las anteriores cuestiones en España sin que se les caiga la cara de vergüenza? y ¿cuánta gente asume esas situaciones con toda naturalidad, sin irse de inmediato a poner una denuncia en el juzgado de guardia o en la comisaría más cercanos? Una última cuestión:¿Existirán estas corruptelas cotidianas en países con una educación cívica avanzada, como los estados nórdicos?

Luciérnagas

Luciérnaga
Luciérnaga

«Nunca he visto una luciérnaga. Tengo ya una edad; casi que estoy en el ecuador (supongo) de mi existencia (según las estadísticas), pero todavía no he alcanzado a admirar su fulgor, su brillo en una noche oscura, su guía luminosa. Tampoco me he adentrado en un bosque en una noche cálida a ver si me topo con alguna, y está claro que por su gusto no me van a salir al paso a saludarme, así que tendré que esforzarme. Otras cosas las he visto ya y, bueno, en algunos casos ha merecido la pena la espera; en otras, pues tampoco era para tanto; luego hay ocasiones que se ha presentado algo inesperado cuyo resultado ha sido sorprendente. Pero las luciérnagas… Nunca he visto ninguna, y espero que no tenga que morime sin verlas, así que perseguiré lo que se parezca a un fulgor o a un brillo iridiscente, a ver si es una de ellas.»

Gustirrinín

Monumento
Monumento

Las ciudades están llenas de estatuas de caballos con pintorescos seres a cuestas: a veces son generales, a veces príncipes, a veces reyes. Al revés no suele ocurrir: «Monumento dedicado al jamelgo que tuvo que soportar el maloliento culo del patán aquel que amargó a su pueblo». También hay otros monumentos dedicados a valerosos soldados o a adustos próceres. Casi siempre son hombres los homenajeados. Pero no abundan monumentos dedicadas a cosas más próximas, a inventos cercanos: un monumento, por ejemplo, dedicado a quien tuvo la genial idea de cuajar unos huevos y unas patatas en un cacharro de cocina para crear la tortilla española, u otro para alabar a la madre naturaleza que creó en nuestro cuerpo las terminales nerviosas que dan gustirrinín a los diversos sentidos, incluso otro más «a la memoria de aquellos que dedican su vida a hacer felices a los demás y no a joder la marrana». Estos últimos serían unos monumentos de diseño más complicado, sin duda, pero que también despertarían una general admiración ciudadana.