Tiempo de brevas

José Saramago
José Saramago

José Saramago se ha ido en tiempo de brevas, el primer fruto de la higuera, que llega a las plazas de abastos españolas a mediados de junio y sólo se prolonga unas pocas semanas, y que presagian ya los higos de final de verano, más pequeños y dulces, igual de apetitosos. El escritor portugués vivía en la isla de Lanzarote, que no es precisamente tierra de higueras, y de él siempre recuerdo una anécdota sobre árboles, real pero narrada con su maestría de fabulador como gran autor que era: su abuelo, cuando intuyó que le llegaba la hora de morir, se despidió con un abrazo de cada uno de los árboles que había en su huerto. Ese sentido de fraternidad universal que posiblemente heredó de su abuelo impregnó la obra del Nobel portugués. Sus libros, como los de tantos escritores y escritoras, se enraizan en la tierra y dan frutos como las brevas mediterráneas que picotean los gorriones, pajarillos que suelen reparar en las más dulces, antes de que su almíbar llegue a los anaqueles del mercado y a los estantes de nuestras librerías. Hasta siempre, maestro, desde este rincón de la balsa de piedra.

Altamira

Bisonte
Bisonte de Altamira

El camino evolutivo del ser humano es un no retorno desde el árbol a la tierra, desde la caverna al mundo exterior. Descendimos de las ramas, hace millones de años, en África; salimos de las grutas que pintaban nuestros ancestros hace otros miles de años en el norte de España y en otros tantos lugares. Son noticia estos días las cuevas de Altamira, pintadas en el Paleolítico Superior, ahora que se plantea la posibilidad de que unos pocos afortunados puedan volver a ver una de las grutas que habitamos, cerradas a cal y canto durante los últimos tiempos para preservarlas de cara a futuras generaciones. Es una decisión polémica, no obstante, porque está en juego la conservación de un bien tan preciado y el ser humano ya sabemos que exhala unas partículas destructivas. De ella sólo se podían ver algunas reproducciones, una in situ allá en su museo de Santillana del Mar; otra aquí en Madrid, en el jardín de Museo Arqueológico Nacional. Volver a las tinieblas y deslumbrarse de golpe con los trazos y las formas de la fauna prehistórica, retornar al genio creativo del ser humano que nos permitió avanzar, aunque todavía pervivan gentes que parece que no se hayan bajado del árbol.

Delito y exilio

Portada de "Exile"
Portada de "Exile"

Huyendo del fisco británico, y quizá cometiendo por ello un delito (o no), los miembros de The Rolling Stones recalaron en 1971 en el sur de Francia (qué mal gusto ;-)), en donde compusieron una de sus obras maestras, el disco doble Exile on Main St., del que se cumplen casi 40 años. Precisamente por ello, esta legendaria banda experta en generar abundantes montones de libras ha lanzado una interesante reedición para sus seguidores, que hoy sale a la venta en España. La estancia en aquella mansión engendró esta gran creación rockera, que contiene perlas como Tumbling Dice o Happy, junto con hermosas melodías como Sweet Virginia o Shine a Light. En su momento, declararon no sentirse demasiado satisfechos con esta obra (Mick Jagger: «No es uno de mis álbumes favoritos, aunque pienso que tiene algo especial. No estoy seguro de que las canciones sean de muy buena calidad, pero en conjunto es un trabajo hermoso»; According to the Rolling Stones. Barcelona: Planeta, 2003). El disco, de hecho, tuvo una mala acogida también por la crítica y sin embargo casi de manera inmediata gozó de una gran aceptación popular. Lo caracteriza la amalgama, variedad y riqueza de sus temas, que compusieron en un estado de gran frenesí, poseídos por el sexo, las drogas y el rock and roll; «se socializaba bastante», admite Mick Jagger cuando rememora aquellos lejanos meses en la hacienda gala. Ahora, con sus cuerpos más cuarteados, llega de nuevo a los estantes el disco original, remasterizado, al que se incorporan algunas nuevas versiones y temas recuperados de descartes que conservaban en algún cajón. Los interesad@s deberán pasar por caja y pagar el IVA correspondiente, claro, aunque en 1971 los impuestos no les gustaran mucho a sus satánicas majestades. Siempre han tenido fama de ser más agarrados que un chotis, también hay que decirlo. ¡Grandes Stones!