Colmillos retorcidos

Dientes
Dientes

«Oiga, doctora, estoy preocupado por la dentición. Me contó el otro día la dentista que nuestras piezas dentales son cada vez más flojas y de menor calidad. Que nos hemos olvidado de que la evolución también nos afecta, como seres que somos, y que comer cosas de peor calidad, y comer cada vez peor, genera a la postre más ingresos para los dentistas, a los que acudimos cada vez más por la mala calidad de nuestros dientes. Sí, sí. Que cada vez nuestras muelas son más deficientes, se nos caen antes de tiempo. Me comentó una cosa que me hizo mucha gracia: están detectando que salen menos muelas del juicio, lo cual no me extraña con lo desjuiciados que andamos (aunque no faltos de prejuicios, no; esos siguen campando por sus respetos). Qué graciosa, la dentista: dice que conoce mejor a la gente por sus bocas que por sus caras, y yo le apostillé y por lo que nos conocerá sin duda muy bien será por nuestros colmillos retorcidos, que en este país abundan bastante. ¿A que estuve ocurrente?, ¿verdad, doctora?»

Cuento del mantel

Albaricoque
Albaricoques

«Sacudí el mantel sin poder decirle adiós. Fue lo penúltimo que hice cuando giró la espalda, enfiló la salida, pegó un portazo y desapareció… El agitar de mi mantel bordado como despedida. El ruido de sus pasos diciéndome adiós, hasta que se fue desvaneciendo, y él ya no volvió. Tú eras muy pequeña, mi hija, no te acordarás. Habíamos estado cenando los tres, algo rápido, por no cocinar mucho con el calor, y de postre nos dimos un atracón de albaricoques; tú eras muy chica para comerlos, y mira que ahora te gustan y los devoras. Luego vino la discusión, y su marcha. Al sacudir las migas del mantel por la terraza que da al jardincillo que nos sirve de reposo, se ve que alguno de los güitos de albaricoque que se quedó entre los pliegues de la tela cayó en buena tierra, germinó, y tiempo después ahí nació el arbolito, que al final de las primaveras nos da sus frutos entre dulces y amargos, tal cual era su carácter, después de tan pronto florecer cuando llega el buen tiempo. Aquella sacudida del mantel fue lo penúltimo que hice en presencia de él, hija mía. Lo último que hago ahora, cada día, cuando se pone el sol, es regar con abundancia el albaricoquero, el único recuerdo que me queda del amor de él, del que se marchó.»

No se trague el SAPo

SAPo
SAPo

Escribió anteayer la columnista Rosa Montero, en la contraportada de El País, un interesante y angustioso artículo sobre el supuesto Síndrome de Alienación Parental (SAP), una cosa -porque no se puede definir de otra manera- que se inventó en 1985 un psiquiatra norteamericano apellidado Gardner y que le está jodiendo la vida a muchas madres del mundo, y también de nuestro país. Explica Rosa Montero que «según Gardner, si un niño dice que su padre ha abusado de él, siempre es por el SAP, o sea, porque la madre, tan perversa ella, le ha comido el coco. Este síndrome demencial ha sido universalmente desautorizado por la comunidad científica. Por ejemplo, no ha sido aceptado por la OMS ni por la Asociación Americana de Psiquiatría, y la Asociación Española de Neuropsiquiatría ha denunciado su falsedad. Pues bien, pese a todas estas evidencias, el SAP se está utilizando en los tribunales españoles para neutralizar las denuncias de los niños, psiquiatrizar a las madres y entregar a los pequeños a sus violadores. Porque estamos hablando del incesto, y de lo que le cuesta a la sociedad reconocerlo, de lo amparado que está el violador por nuestra repugnancia a admitir que eso existe, pese a que, según diversos trabajos recopilados en 2008 por la Revista d’Estudis de la Violència, entre un 20%-25% de mujeres y un 10%-15% de hombres españoles confesaron haber sufrido abusos sexuales en la infancia, y en el 39% de los casos el agresor era el padre».  Esto no es ninguna broma. Y lo peor es que muchos jueces se están tragando el SAPo y están condenando a las madres a poco menos que a la locura, y a sus hij@s, a un porvenir tenebroso, repugnante, en compañía de sus violadores. Lo importante es que esta situación se conozca y que se evite. Para ello se ha creado una Red de Madres contra el SAP, que mantiene concentraciones el lunes último de cada mes, frente a los Juzgados de Plaza de Castilla, en Madrid.