Parece que ya llega

Hojas de arce
Hojas de arce

El arce del patio se ha ido coloreando de rojo y ofrece una belleza efímera que dará paso a la desnudez de sus ramas dentro de no muchos días. El cielo está plomizo, en un tono que invita a la melancolía. Le gusta ver la lluvia arrebujado en el sofá, debajo de la manta, y escuchar las gotas golpeteando contra el tragaluz de la habitación. Es lindo ir a comprar la fruta y verdura de temporada, decirle hola de nuevo a las mandarinas y a las setas, aunque este año la temporada va chunguilla por la ausencia de agua. Es divertido pensar en nuevos platos de cuchara, que es lo que pide el cuerpo, de esos para hacer en fin de semana y que aportan al cuerpo un dulce sopor que solo se recupera en una larga siesta. Comprar membrillo para hacer dulce y recordar a mamá, que lo bordaba. Fines de semana para quedar en casa, invitar a comidas o cenas, y levantarse pronto para hacer desayunos divertidos: a veces crépes, hoy magdalenas de chocolate. Recubrirse de varias capas antes de salir al frío de la calle en la nueva estación. Desear volver a casa para tomar un caldo calentito. Estar con quienes amas y sentir su calorcito, tan reconfortante. La vida sigue discurriendo, por encima y por debajo de los tontos titulares de cada día. Parece que ya llega. Le ha costado mucho este año de verano sin fin. Pero el otoño ya está aquí.

Declaración de dependencia

Encaje
Encaje

Hartito como estaba aquel hombre de tanto enredo catalán, de ensoñaciones, entelequias y arcadias felices que solo existen en las mentes de los locos cariocos, se levantó por la mañana y decidió dirigirle a su amada una declaración  de dependencia. No de independencia, que de eso ya tenía bastante con Puigdemont y sus cuates, sino de dependencia. Dependencia de sus palabras, de sus ojos y de su piel. Aquel hombrecillo perdidamente enamorado mandó las siguientes palabras a su amada, mediante un cablegrama eléctrico remitido desde todos los poros de su piel a la otra piel deseada. Tal vez incluso se lo remitió a través de las conexiones químicas invisibles que se producen entre seres enamorados: “Querida mía, no aguanto más DUIS, más declaraciones vacías, más cuentos a cuenta de la independencia de un cacho de España. Me salen por las orejas tanta soflama, tanta tertulia televisiva, tantos ríos de tinta vertidos. No soporto más tontunas y lo único que me preocupa es en lo que creo que debo ocuparme. En estos momentos de desconcierto, te confieso mi amor pleno y dependiente. En estos tiempos de falsedad descomunal y de la farsa que se ha apoderado de todos los espacios de la vida pública, mi bandera eres tú, mi patria empieza y termina en ti. Tú eres lo que siento como único verdadero en medio de tanta mentira”. ¿No es acaso el amor la más poderosa de las fuerzas del universo?

Vender y comprar

Plaza Río 2
Plaza Río 2

En la orilla de Usera del Manzanares ha atracado un enorme barco en forma de edificio comercial. Desde sus azoteas, en donde se han establecido diversos restaurantes, se disfrutan unas bonitas vistas del río, del Matadero y de la zona sureste de la capital. Los centros comerciales en forma de grandes contenedores de tiendas de toda clase han fondeado desde hace años en todas las ciudades del mundo. Hay, por ejemplo, aeropuertos como el de Barcelona, que más que un aeropuerto es un inmenso centro comercial en cuyos costados aterrizan aviones. Son templos de ocio y consumo contemporáneos, y miles y miles de personas conciben sus fines de semana ya no saliendo a la sierra o yendo al museo: no, prefieren dirigirse al centro comercial lleno de oropeles, de mármoles y de luces (tienen todos una estética similar y los diseños deben de salir de los mismos estudios de arquitectura), plagados de las mismas marcas y de franquicias similares, con gentes de miranda por doquier para matar el rato. Estos sitios tan mastodónticos pueden dar un poco de miedo a quienes preferimos el comercio de barrio y la plaza de abastos de toda la vida, tan entrañables, y que están llamados, poco a poco, a irse transformando o a desaparecer. Pero ahí están, como las compras online que ya forman parte de los hábitos de consumo, gracias a las cuales uno acaba comprándole algo a un tendero del otro confín del mundo. Vender y comprar, y tener dinero para vender y comprar: el mundo se mueve por el mismo motor desde el principio de los tiempos, ya sea en un puesto de segunda mano de El Rastro o en una tienda tan moderna de las que se encuentran ahora junto al río Manzanares.