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Camión y ojos claros

21 Ago
Camión

Camión

Vivir en la carretera tiene mucho de épica. Y mucho más todavía de estética. Cuando se ve desde fuera, claro. Eso de viajar en pos del horizonte inalcanzable, los puntos cardinales que nunca acaban de llegar y todas esas cosas. Mucho material para canciones y novelas, pero poco de real cuando trabajas a destajo, como yo, conduciendo un camión de mercancías por todo el país. Me dedico a llevar un camión de gran tonelaje, que carga mercancía –fruta, verdura y madera, sobre todo- en esta comarca de la España interior, y luego la distribuye a Mercamadrid y a los otros muchos merca-algo que han proliferado por la piel de toro. Llevo el camión y el camión me lleva a mí, ya no sé muy bien cómo describirlo. Me cansa mucho esto ya, esta actividad que heredé de mi padre y que, aunque nunca me volvió loco del todo, me ha permitido vivir y ganarme la vida honradamente. Me mueve el motor de este camión, pero lo que verdad me mueve es el deseo de reencontrarme, desde que salgo de mi casa cuando salgo –porque a veces no tengo claro cuando regresaré-, el deseo de reencontrarme, digo, con los ojos claros que son el verdadero motor de mi existencia. Son esos ojos que no dejo de ver en todas partes los que me hacen olvidar el cansancio y la penuria de la vida en carretera. Sin esos ojos claros mi motor se pararía para no volver a arrancar.

 
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Publicado por en 21 agosto 2017 en Historias reales

 

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