Qué fue de la verdad

Opinión pública
Opinión pública

En tiempos, lo relevante en periodismo era contar la verdad de los hechos, lo que pasaba, suficientemente contrastado y documentado, de manera que los ciudadanos de este complejo magma social pudieran conformar un elemento fundamental en las democracias modernas y avanzadas: la opinión pública. Ahora todo ha cambiado y lo que importa no es la verdad: es el llamado relato, la manera de inculcar, divulgar e incluso promulgar una versión de las cosas con la que el común de los mortales acabe comulgando. Estas técnicas narrativas empezaron aplicándose al campo del marketing y la publicidad (un famoso libro de hace ya años:Storytelling. La máquina de fabricar historias y formatear las mentes, de Christian Salmon), y han acabado por imponerse en todos los campos. Por supuesto, también en la política cuando la llevan a cabo políticos faltos de escrúpulos: véase la manipulación burda y falaz de los hechos que está haciendo el secesionismo catalán para reivindicarse ante la opinión pública internacional, con muestras tan tremebundas como el reciente vídeo Help Catalonia, inspirado nada más y nada menos que en el caso de Ucrania. Y uno se puede sonreír y condenar prácticas tan burdas desde su sofá, pero, ojo, que una mentira mil veces repetida acaba convirtiéndose en verdad, especialmente cuando los destinatarios son gentes de allende nuestras fronteras que siguen teniendo una imagen prototípica y absolutamente desfasada del país.Y que España, en esto de imagen, es pasto, por mentira que parezca, de una leyenda negra pergeñada hace siglos y que, misterios de la historia, seguimos arrastrando. Ya no importa la verdad, solo cuenta el relato.

Fuego en el país de la lluvia

Una perrita lleva el cuerpo calcinado de su cría
Una perrita, con el cuerpo de su cría

Ver el país de la lluvia cercado por el fuego causa desasosiego y dolor. Viejos y queridos amigos de Lugo me hablan de la sensación de apocalipsis que han tenido estas jornadas de atrás, con cielos que de repente se volvieron negros y en los que, literalmente, se hizo de noche a plena luz del día como consecuencia de la humareda y de las nubes de ceniza. ¿Qué ha ocurrido para que se pueda llegar a esta situación? Posiblemente la mala fortuna de varios factores combinados –abandono del monte, peligrosas prácticas agrícolas, locura incendiaria…- con un agravante añadido: el cambio climático. No creo que queden ya, a estas alturas, muchos negacionistas de este fenómeno. El primo de Rajoy debió de jubilarse hace tiempo ya. Hace falta estar ciego, o tonto, o ambas cosas, para negar la transformación del clima que estamos sufriendo ya de manera palmaria, con veranos que se prolongan más allá de sus límites habituales naturales y fenómenos naturales fuera de todo control. Las administraciones tienen un papel clave para que el cambio climático no se agrave, pero en manos de todos está, también, que el país de la lluvia y tantos otros lugares no se vuelvan páramos privados de vida.

Maps with seny, ya

Google Maps
Google Maps

En estos días tan modernos en los que todos andamos abducidos por las pantallitas de nuestros cacharritos electrónicos, cuesta mucho salir para afuera. Antes uno se perdía en una ciudad y tenía que preguntar por tal o cual destino. Si uno es hombre y se pierde con facilidad, cual es mi caso, causaba cierta pereza preguntar (al género masculino le cuesta más preguntar, es cierto), porque con frecuencia ponías en aprietos al preguntado, y quien preguntaba tampoco se acababa de aclarar. Ahora poner solución a esos despistes tiene más fácil arreglo con las múltiples aplicaciones de mapitas que llevamos en el bolsillo. Así que cada vez pregunta uno menos. A veces hay despistados que le preguntan a uno por tal o cual calle, pero son los menos, y esta rareza les convierte hasta en sospechosos. ¿No tienen Smartphone a mano o es que esconden alguna aviesa intención? A veces pienso en Carles Puigdemont y la aplicación de mapas que llevará en su teléfono: él ha marcado que su destino es “independencia” y le da igual por encima de donde tenga que pasar y pisar. Leyes, constituciones, todo parece darle igual. ¿El seny / sentido común / sensatez / cordura? Tampoco aparece en su mapa. Si el president hubiera salido a la calle y hubiera preguntado a los viandantes en lugar de tirar tanto de rutas prefijadas y prejuiciosas, se habría encontrado posiblemente con algunos que comulgarían con sus ruedas de molino y con otros muchos que le habrían dicho que la independencia es un camino hacia el abismo y que no se puede construir nada, a estas alturas de la historia, levantando nuevos muros y fronteras. Por cierto, que para esto habría que hacer también una reforma constitucional: para que en el frontispicio y/o preámbulo de cualquier ordenamiento aparezca como principio fundamental que los gobernantes están obligados a conducirse con seny, sensatez, y que sus desvaríos se los guarden para su casa. Y, ya puestos, incluso ese seny los de Google deberían incluirlo en sus maps.