Año del Tigre

Año del Tigre
Año del Tigre

Necesitados como estamos de celebrar lo que sea en este triste y crudo invierno de 2010, cualquier excusa es buena para elevar el ánimo y la temperatura de los cuerpos, o al menos para intentarlo. Ya sean los premios Goya, el Carnaval o el Año Nuevo chino (農曆新年), el cuerpo pide animación entre tanta grisura, ante tanto cielo plomizo de un invierno que ha vuelto a ser como los de antes, un horizonte que no termina de aclararse y una actualidad desalentadora. Ya falta menos para la primavera, para el consuelo del calor y el color que nos saque de la nevera y nos sacuda el alma. Y, mientras tanto, podemos consolarnos con los augurios del recién comenzado Año del Tigre, un periodo –según los conocedores del mundo zodiacal chino- que será propicio para la valentía, la fortaleza, los nuevos retos, el movimiento, el cambio, la novedad y la curiosidad. Un signo optimista, vaya, que es lo que hace falta ante tanta falta de luz: que sus rugidos espanten las incertidumbres del triste panorama cotidiano y -entre la jungla- despejen el camino hacia un futuro mejor.

Miradas premonitorias

Maruja Mallo y Josefina Carabias, con el cuadro "Antro de fósiles"
Mallo y Carabias

La obra, la voz y la mirada de las mujeres es siempre premonitoria, es siempre sabia y certera por más que haya sido silenciada durante tantos siglos. Pensaba en este asunto mientras reparaba en una foto que se exhibe en la exposición retrospectiva que la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando dedica hasta principios de abril en su sede de Madrid a la genial pintora surrealista Maruja Mallo (Viveiro -Lugo-, 1902; Madrid, 1995). Aparecen en la mencionada instantánea Maruja Mallo y la periodista Josefina Carabias -una de las pioneras de este oficio- (Arenas de San Pedro -Ávila-, 1908; Madrid, 1980). Las han retratado a ambas, Mallo y Carabias, asomadas a un cuadro de la primera, Antro de fósiles (1930), como si estuvieran apostadas en la barrera de un coso taurino. Pero apostadas también sobre el destino atroz que vendría después: la Guerra Civil que dejó convertida España en un lúgubre solar, truncando las esperanzas de modernización y progreso que encarnó la Segunda República y que simbolizan figuras como Mallo y Carabias, mujeres adelantadas a su tiempo, mujeres a años luz de los fósiles que vendrían luego.

Tarde de Carnaval

Piratas
Piratas

Mi niña Estrella, transformada en una feroz pirata, libra un duelo contra su amigo David, convertido en spiderman armado con tridente. ¡Qué mala pata!: su espada se le parte en el fragor de la desternillante lucha. Más tarde se echan a correr, en una carrera interminable en compañía de la bailarina Irene y de la mosquetera Inés, y acaban rodando por el suelo en un mar de risas. En el gimnasio que alberga la fiesta infantil hay música y mesas con bocadillos, palomitas, pasteles, bebida, patatas fritas. Uno de los camareros, ataviado al modo pirata y como recién salido de La isla del tesoro, sirve refrescos en vez de ron y le pregunta con un gran vozarrón a Estrella: ¿Eres del mismo barco que yo? Ante la curiosidad del pirata, la niña, ahora en compañía del demonio Gonzalo, de la tigresa Martina y del payasete Gabriel, se parapeta con una tierna vergüenza detrás de una montaña de ganchitos. Y sigue la diversión. Así fue la celebración del Carnaval en el colegio de mi hija. Una celebración más en esa infancia que es patria de la libertad, de la alegría, de los sueños y de la imaginación, con o sin disfraz. Mucha excitación para un gran día que terminó con Estrella rendida en la cama, soñando sin duda con más aventuras, surcando los siete mares.