Damnatio memoriae

Marichalar
Marichalar

Jaime de Marichalar, ahora ex duque de Lugo, no tiene quien le quiera. Una vez que se formalizó oficialmente su divorcio de la infanta Elena el pasado 21 de enero, su figura acaba de ser excluida del Museo de Cera de Madrid, su foto borrada de la imagen oficial de la Familia Real y su biografía eliminada de la web de La Zarzuela. Evoca este procedimiento, aunque las circunstacias sean distintas, al que seguía la antigua Roma cuando quería eliminar el recuerdo de algún gobernante considerado no grato tras su muerte: la damnatio memoriae (o condena de la memoria), que consistía en borrar las alusiones a su persona en monumentos, inscripciones públicas e imágenes. Aunque a veces no es tan fácil eliminar el pasado: la dictadura que desgraciadamente gobernó este país durante cuarenta años dejó adheridos sus símbolos con una pegajosa saliva fascista a las calles y a los edificios oficiales, en forma de feos aguiluchos que quedaron agarrados a numerosas fachadas, y que el avance de la democracia y la piqueta han ido, afortunadamente, arrumbando.

Garzón y los torquemadas

Torquemada
Torquemada

Tal día como hoy, pero en 1482, una bula papal nombraba inquisidor a un fraile dominico, Tomás de Torquemada, cuyo nombre quedó asociado para siempre a tan siniestra institución de la historia española: la Inquisición, que se mantuvo viva hasta su derogación oficial en el siglo XIX. Viene esta triste efeméride a cuento del proceso abierto contra el juez Garzón, al que algunos pretenden expulsar de la carrera judicial por pretender investigar los crímenes del franquismo; o sea, por hacer su trabajo; o sea, por buscar la verdad de la también siniestra dictadura, por desenterrar aquel pasado sanguinario que aún yace en forma de esqueletos en muchas fosas y cunetas de esta piel de toro. Un caso contra un magistrado de prestigio internacional, que parte de oscuras querellas presentadas por asociaciones ultraderechistas. ¿Alguien entiende algo? ¿Puede alguien echar un ojo, aunque sea harto desagradable, al féretro de Torquemada, no vaya a ser que haya salido de la tumba y ande paseándose por algún despacho?

El aplanamiento

Mapamundi plano
Mapamundi plano

Será por el efecto de las misteriosas leyes de la ética, la estética o la física cuántica, pero el mundo se aplana. Los objetos de antaño, hermosos en su tripudez, pierden las formas y se allanan: los platos hondos de ahora son casi planos; los orgullosos abdómenes de televisiones y monitores han perecido a manos de las asexuadas pantallas planas. Los cuerpos… Los cuerpos también se aplanan por las premisas del culto a la moda: pierden fuerza las turgencias, los muslos torneados y, ¡oh, dios!, las fabulosas barrigas de nuestros próceres que solían lucirse antes con orgullo. El aplanamiento llega a las ideas, a los conceptos y a los balances contables. Y al propio mundo que nos alberga: es sabido que el planeta, de tanto girar, se va achatando por los polos y ensanchando por el Ecuador. Quizá dentro de miles de años -es una conjetura: no estaremos aquí para contarlo- la Tierra habrá perdido toda su redondez para ser una especie de plato llano (al modo en que algunos solían representarla en la antigüedad) cuyo contenido se desbordará por los extremos, arrastrando hacia el vacío infinito a todo lo que se encuentre por delante, sin un dios al que asirse.