De hoteles y panes

Un pan casero
Un pan casero

Antaño, porque parece ser que esto cada vez es una práctica más de antaño, la hora de entrada en los hoteles patrios estaba fijada a las doce del mediodía. Ahora, cada vez más, cuando uno llega al establecimiento que le va a acoger, suele suceder que la hora de entrada se demora en ocasiones hasta las dos de la tarde, para sorpresa del cliente. Así ocurre, con una frecuencia creciente. Y se aplica con toda normalidad y naturalidad. Ignoro qué sustento legal, si lo tiene, está tras este cambio de horario. Uno sigue pagando por el alquiler de una habitación 24 horas, no 23. En ausencia de una norma, parece claro que se está imponiendo el retraso de la hora por la fuerza de la costumbre.

Antaño comíamos pan rico, de calidad. De ese que uno, cuando era pequeño e iba a buscarlo a la panadería de la vuelta de la esquina, no podía resistir pellizcar antes de llegar a casa, con la consiguiente reprimenda, siempre cariñosa, de la madre. Hogaño el pan es cada vez más tremebundo. Barras congeladas producidas a escala industrial y horneadas de prisa y corriendo en los supermercados. Y nos lo venden como pan artesanal. De traca. ¿En otros países ocurrirá lo que aquí está ocurriendo? Solución: pan casero.

¿Relación entre panes y hoteles? Ninguna en apariencia. Todas en el fondo. Los hoteles deberían estar hechos de miga esponjosa, en cuyos tiernos recovecos uno pudiera entrar a la hora que quisiera para dormir sin parar imaginando dulces sueños con aroma de infancia.

Formas de la existencia

Ojo de dios
Ojo de dios

Habría que preguntarse el porqué de la forma de la mayoría de frutas, redondas, que pueblan los estantes de los mercados. O por qué todos los edificios tienen que ser cuadrados. Y por el misterio de las líneas rectas que se intercalan en nuestras vidas, con alguna que otra curva. Triángulos los hay también, pero escasean; posiblemente esta carencia de triángulos obedece al respeto al triángulo primigenio, aquel con el que los cristianos de los primeros tiempos representaban al dios, y que sigue siendo símbolo de su primer hacedor. Bueno, al fin y al cabo, todos procedemos de una forma redonda, el vientre de nuestra madre, y tomamos forma de línea para avanzar en la vida. En Occidente, tenemos en nuestra mente un concepto de vida lineal, como de punta de flecha. Parece que uno siempre avanza, pero no es así. Por eso, en Oriente, en cambio, donde poseen un concepto del tiempo más complicado, creen que el tiempo toma forma de bucle y genera caprichosos enredos. Redondo, cuadrado, lineal… Formas básicas de la existencia.

Spiderman se queda huérfano

Mi favorito
Mi favorito

Yo siempre fui de Spiderman. No recuerdo mis hermanos. Esto de los superhéroes era como una religión: cada cual seguía la suya. A mí me molaba el hombre araña saltarín, embutido en sus mallas bicolores con dibujo arácnido, con su trasfondo del ser humano atormentado que era Peter Parker. Brincando de edificio en edificio, esparciendo sus redes pegajosas para atrapar a los malhechores. Qué tiempos. Ahora los niños y niñas tienen muchos más referentes aparte de este universo procedente de los States creado por el recién fallecido Stan Lee y tantos como él. El universo nipón manga y anime ha irrumpido con fuerza entre las nuevas generaciones y yo me pierdo entre tanto dibujito que encanta a mi hija. Pero el impulso que mueve a los seguidores de estos personajes es el mismo que ha impulsado a los seres humanos desde los tiempos de los más antiguos relatos mitológicos: tener una vía de escape frente a la grisura del mundo. Spiderman ha perdido a su padre, pero en las mentes de sus lectores seguirá saltando y brincando sin parar, incesante e incansable, para su dicha y contento (y la nuestra).

PD.- Recordando a Spiderman, qué bonita canción le dedicó Aslfato a uno de nuestros superhéroes patrio, el Capitán Trueno. “Ven, Capitán Trueno, haz que gane el bueno, que el mundo está al revés…”. El mensaje de la veterana banda madrileña de rock urbano sigue siendo de plena actualidad.