Nunca más

Yasmin Levy
Yasmin Levy

Hoy es 27 de enero, Día de la Memoria del Holocausto y la Prevención de los Crímenes contra la Humanidad, fecha en la que, en 1945, se liberó el campo de exterminio de Auschwitz (Polonia). Un largo nombre oficial que tiene como objetivo recordar la memoria de las víctimas del genocidio nazi contra los judíos, como mejor vacuna para evitar que algo tan atroz se vuelva a producir: seis millones de asesinatos y el compendio del horror más pavoroso que haya podido producir el ser humano. Una fecha para no olvidar especialmente en esta España, la Sefarad de antaño, en la que tanta presencia tuvieron los judíos hasta su expulsión por un edicto de los Reyes Católicos de 31 de marzo de 1492. Una Sefarad cuya memoria llega hasta nuestros días mediante el esfuerzo que están desempeñando instituciones como Casa Sefarad, y cuyos ecos también nos traen, por ejemplo, las canciones judeoespañolas de una artista contemporánea, Yasmin Levy. Son motivos todos ellos para que este 27 de enero sea, de paso, una invitación a reflexionar sobre nuestro pasado. En este empeño nos pueden ayudar varios libros: Historia de una tragedia. La expulsión de los judíos de España, de Joseph Pérez (Editorial Crítica, 2004); Los judíos de España, de Elie Kedourie (Ed. Crítica, 2000), o Jewish questions. Responsa on sephardic life in the early modern period, de Matt Goldish (Princenton University Press, 2008), un reciente volumen que describe con todo detalle la vida cotidiana de los sefarditas, que mantuvieron viva la memoria de su tierra, la nuestra, que nunca debió dejar de serla.

Semilla de intolerancia

Stop racism
Stop racism

«No, si yo no soy racista, pero los extranjeros es que no pagan impuestos y se dedican a robar [la mayúscula mayoría de las personas que han venido de fuera cumplen sus obligaciones y en la actualidad hay dos millones de extranjeros cotizando a la Seguridad Social]. No, si yo no tengo prejucios contra nadie, pero prefiero que mis niños no vayan a un colegio público, que es que hay mucho inmigrante y me los retrasan [no parece casual que el mayor esfuerzo de escolarización de los niños de inmigrantes lo soporten los centros públicos, en beneficio de los concertados]. No, si no me quejo, pero es que los servicios públicos están colapsados con esta gente [los inmigrantes están aportando a las arcas públicas más de lo que reciben]. No tengo nada contra nadie, pero en el parque, niña, prefiero que no juegues con esa amiguita morena [«When a child is born into this world / It has no concept / Of the tone the skin is living in», Youssou N’Dour & Neneh Cherry]. Y es que la culpa de todo la tiene este maldito Gobierno, que no hace nada [la llegada de inmigrantes irregulares en embarcaciones a Canarias, por poner un ejemplo, ha descendido un 71% desde 2006]. Y además vienen a quitarnos el trabajo [los inmigrantes desempeñan muchas ocupaciones que aquí no se quieren hacer]. El caso es que mis abuelos y bisabuelos tuvieron que emigrar a Argentina, Suiza y Alemania; eso creo, pero no tengo mucha memoria. Lo que sí que tengo son unos sólidos principios morales que procuro inculcar a mis hijos.»

Aterciopelando la rutina

Guitarra
Guitarra

Cualquier vagón del metro de Madrid un lunes a primera hora de la mañana es un mar de rostros adormilados, de gentes todavía embotadas que van con cara de pocos amigos a encontrarse con su práctica cotidiana después del fin de semana. Por eso se agradece que haya otras gentes que también retoman su contacto con la semana apostadas en un rincón del intercambiador de transportes, interpretando un bolero, tocando una pieza de música clásica en su violín o rasgueando en su guitarra los acordes del Concierto de Aranjuez con un toque blusero. Son los artistas anónimos que a cambio de unas monedas y una sonrisa -de quien se las quiere dar- hacen más cómodo el aterrizaje en la pista de lo cotidiano, colorean los días grises, aterciopelan con su música las de por sí desabridas paredes del metro y de la vuelta a la rutina.